A los sesenta años, Lou Lynch decide poner por escrito los recuerdos de su vida hasta los dieciocho. Una historia rica y absorbente, sólida y con atractivo en cada una de sus muchas páginas.
Abandona Mankell al inspector Wallander y utiliza como protagonista a Brigitta Roslin, una juez que investiga un horroroso crimen colectivo. A la trepidante acción se suman las interesantes cuestiones ideológicas que plantea.
La octogenaria Linnea Ravaska, viuda de un coronel, no tiene hijos. El único familiar que le queda es el hijo de la hermana de su marido, Kauko, un un delincuente de poca monta, pero peligroso y alcoholizado. Harta de esta situación, planea una sutil venganza, que se le va de las manos. Ácida y divertida radiografía de la Finlandia más actual.
La novela se desarrolla en Barcelona durante la postguerra, con Europa en pleno conflicto bélico. En clave de humor, el autor nos hace reflexionar sobre la vejez, la soledad, las guerras interiores de los protagonistas, las relaciones entre padres e hijos…
En 1939, mientras el mundo vivía el espanto de la guerra con la Alemania de Hitler, la Rusia de Stalin estaba siendo víctima de un cúmulo de arrestos, torturas y sentencias de muerte. La lista de Stalin incluía algunos de los mejores escritores rusos, como el ruso-judío Isaac Babel. El objetivo de la novela es contar las consecuencias de la sorprendente decisión de un hombre que quiere salvar más que destruir los manuscritos de un escritor sentenciado a muerte.
Escrita como si se tratasen de los recuerdos infantiles del narrador, esta divertida novela cuenta la infancia de Jess en una granja de Carolina del Norte. Jess describe la vida doméstica en la granja, salpicada de desternillantes y ocurrentes anécdotas protagonizadas por sus excéntricos familiares.
La entrega en Estocolmo del premio Nobel de Literatura despierta siempre la pregunta de qué criterios se siguen para atribuirlo. Kjell Espmark, presidente del Comité Nobel de 1988 a 2005, ha intentado explicarlo en un libro.