La niña de los nueve dedos

El Aleph. Barcelona (2008) 192 págs. 17 €.

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Es esta la primera novela de Laia Fabregas, publicada originariamente en neerlandés y en menos de un año reeditada dos veces y traducida a seis lenguas. Laura, la protagonista, una mujer de 34 años, que trabaja en unas oficinas de Iberia, comienza un diario en retrospectiva para recuperar su pasado.

Sus padres la han educado con principios muy radicales observados a rajatabla. El relato se sitúa en la Barcelona de los años 70 y siguientes. Los padres son activistas en movimientos clandestinos contra la dictadura. Para fomentar la memoria y la creatividad, en la familia no se hacen fotografías. Acontecimientos familiares relevantes, momentos de la infancia, se registran en la memoria después de haberlos observado con los cinco sentidos y se ponen por escrito y se archivan en cajas de cartón como se hacía con las fotos convencionales.

Otra prohibición es creer en Dios. A sus cuatro años, los padres cuentan a una Laura desolada que al niño que ha visto morir atropellado por un camión no le espera absolutamente nada sino convertirse en polvo. Como el título hace sospechar, a Laura le falta el dedo meñique; ni ella ni el lector sabrá el motivo hasta el final del libro. En una ocasión, su hermana Moira encuentra una foto de las dos, y Laura empieza a investigar por qué el padre se saltó la prohibición de fotografiar.

El libro mantiene el interés a base de intriga y cierta dosis de desconcierto. Laura tiene la costumbre de mezclar la realidad con la fantasía, la verdad con la mentira y los límites resultan irreconocibles. El lector acompaña a la protagonista a indagar en su pasado y en la actitud de los padres hasta el final.

El estilo es sencillo, el tema original, los capítulos cubren dos o tres páginas. Laura habla sobre su educación sin crítica ni apologías. De joven no tiene ninguna actitud crítica hacia sus padres. Al final de la novela, podría encontrarse una posible explicación entre la conducta de su padre y la razón de que ella tenga tanta facilidad para desdibujar la realidad y tanto empeño por hacernos dudar de si está mintiéndonos o no.

Los fragmentos sobre la vida de Laura en primera o tercera persona son poéticos, sugestivos y abiertos a interpretación, en contraste con el ambiente histórico que refleja hechos reales y las fantasías surrealistas sobre sus dedos.

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