Poesía esencial

Fundación Banco de Santander. Madrid (2008). 290 págs. 20 .

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Ernestina de Champourcin (1905-1999) es una de las escritoras españolas más destacadas del pasado siglo. A raíz del centenario de su nacimiento, se han celebrado diversos actos conmemorativos (congresos, exposiciones…), se han reeditado algunos de sus libros y se ha publicación su epistolario con Carmen Conde, lo que permite conocer mejor y recuperar a esta gran mujer un tanto olvidada. Además, van aumentando afortunadamente los estudios académicos sobre su obra, lo que contribuirá sin duda a situarla en el puesto que se merece. También su prolongado exilio en México, de 1936 a 1972, habrá influido en ese permanecer un tanto relegada en el panorama literario español.

Ernestina, una de las voces femeninas de la llamada generación del 27, vivió con pasión y gran seriedad su quehacer poético. Jaime Siles, excelente filólogo y poeta, ha realizado un magnífico trabajo de selección, con el que recorre toda la obra de Champourcin, precedido de una introducción que habrá que añadir a la bibliografía sobre la escritora vitoriana, por su rigor y buen tino. Las pinceladas que ofrece sobre la vida de Ernestina nos aproximan a una mujer de una gran personalidad, audaz, moderna, independiente, buena conocedora de la poesía vanguardista europea, comprometida con los problemas de la sociedad española, en momentos de grandes y trágicos cambios, y, a la vez, entregada a la creación literaria sin concesiones a lo que se apartara de su concepción de la poesía.

Poesía muy personal, lírica, con notable influencia de Juan Ramón, con quien mantuvo una larga amistad, que se va interiorizando con coherencia y unidad, aunque varíen las formas, y en la que de una búsqueda más o menos ideal de trascendencia se va pasando a la relación personal con Dios, a raíz de la vuelta de la autora a la fe católica y de su pertenencia al Opus Dei.

Si sus primeros poemarios la acercan a la poesía pura, pronto se irá decantando hacia una poesía menos abstracta y fría, más subjetiva, en la que los sentimientos amorosos y neorrománticos tienen considerable importancia, aunque no abandone los elementos surrealistas. Con su conversión, crecerá la influencia de los Salmos, de San Juan de la Cruz y de la poesía mística. En su última etapa, el tono es más evocador, más simbólico, pero nunca se pierde la intensidad y la unidad de toda su poesía. Como señala Jaime Siles, “Ernestina de Champourcin convierte el amor en una experiencia religiosa y el poema en un medio de introspección en el que el yo se encuentra, a la vez, con Dios, con los otros y consigo mismo”.

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