Ladrón de mapas

Destino. Barcelona (2008). 374 págs. 20,50 .

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En 2006, Eduardo Lago (Madrid, 1954) consiguió el Premio Nadal con Llámame Brooklyn (ver Aceprensa 27/06), una original y ambiciosa novela, aunque un tanto confusa, que cosechó excelentes crÍticas y con la que también obtuvo ese año el Premio Nacional de la Crítica. Casi tres años después, publica Ladrón de mapas, libro donde Lago vuelve a combinar las estrategias de la novela y el cuento.

El libro es, sobre todo, una colección de relatos de muy diferente temática y factura. Pero Lago quiere que todos vayan unidos por un hilo conductor. Para ello se inventa la historia de Sophie, una joven que ha vivido en diferentes capitales europeas y que ahora, tras un periodo de crisis, ha regresado a París, donde nació. Allí se encuentra en Internet con una serie de relatos de un escritor anónimo; los lee e intuye que detrás de esas narraciones puede estar un antiguo amigo suyo, con el que compartió una tímida relación y que ahora reside en Trieste. Y Sophie decide viajar hasta allí, pasando antes por Venecia, ciudad con la que tiene una relación especial.

Al hilo de las estaciones de este viaje, Lago sitúa los relatos de este libro. Los primeros tres relatos que lee Sophie se titulan Cuentos de ida, ambientados en diferentes escenarios (Rusia, Etiopía y la India), que se completan con Cuentos de vuelta, donde repite protagonistas y ambientación y donde están, desde mi punto de vista, los mejores relatos, aunque en algunos predomine un exótico sensualismo. Luego vienen seis cuentos más, que forman parte de Cuentos borrados, y los últimos seis, Cuentos robados, independientes y variados.

Lago sabe contar historias. Llama la atención la variedad de registros y de temas (fantásticos, realistas, exóticos, literarios…) que maneja. El que exista una simetría entre todos los relatos más el hilo conductor que introduce con la historia de Sophie no añade, sin embargo, casi nada al contenido de los relatos, que son lo importante de este libro. La ingeniosa idea de introducirlos en un relato superior acaba perdiendo fuerza. Se trata de un recurso, a mi juicio insuficiente, para que estos relatos -correctos, algunos originales, de desigual interés y calidad- tengan mayor unidad.

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