Es frecuente que cuando el aborto entra en el terreno del debate político se comience a hablar de la preeminencia del derecho de la mujer. No es extraño que los estrategas políticos de la línea pro choice comiencen reconociendo que el aborto es un mal a erradicar, pero que en determinadas situaciones el derecho de elección de la madre prima sobre el del no nacido, a quien se elude llamar persona. Se trata de un proceso deshumanizador, que tiene su raíz en una errónea concepción de la sexualidad.
Ante las investigaciones judiciales abiertas por los fraudes en clínicas abortistas, lo que más parece preocupar al gobierno español no es averiguar si se ha incumplido la ley, sino asegurar el anonimato de las mujeres que abortaron.
El aborto selectivo de niñas es una práctica muy extendida en algunos países de Asia. Lo novedoso es que esta práctica ha empezado a difundirse también en Estados Unidos entre familias de origen asiático.
Alicia Latorre, presidenta de la Federación Española de Asociaciones Provida, forma parte de una generación intermedia entre los más veteranos y los que acaban de incorporarse. Los centros de acogida a la vida que mantiene la organización han facilitado el nacimiento de 32.000 niños.