En el establecimiento de pautas sobre el empleo de “software” creador de contenidos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, las autoridades educativas llevan retraso.
Para los primeros, la relación causal entre el uso de pantallas y la incidencia de problemas psicológicos en menores es evidente. Para los segundos, simplista.
El tiempo que pasa un niño pequeño ensimismado con una pantalla le resta oportunidades de interactuar con su cuidador y, consecuentemente, de aprender léxico.
Una encuesta a profesores, alumnos y padres señala una cierta predisposición general a usar esta tecnología, pero también reparos concretos sobre su posible impacto.
Las “aplicaciones de bienestar” para el sueño o la alimentación pueden causar efectos contraproducentes, por la falta de contacto personal y la obsesión por los datos.
La iniciativa de un grupo de padres para retrasar el acceso al móvil de los adolescentes puede convertirse en el primer Pacto de Estado sobre esta materia.
La aplicación de la inteligencia artificial a la música levanta dos grandes cuestiones: cómo puede ayudar al proceso creativo sin anularlo, y si debe afectar a los derechos de autor. Segundo artículo de una serie.
El caso de las aplicaciones de IA que crean desnudos de personas reales hace temer que la intimidad personal y el derecho a la propia imagen dejen de estar en nuestras manos.
Elon Musk se ha propuesto mejorar la vida del ser humano, y esta obsesión le hace ser a veces tan excesivo y temerario, según se ve en una reciente biografía.
Un estudio revela que el bienestar emocional y salud mental de la persona tienen mucho que ver con la edad en la que se obtuvo el primer teléfono móvil.