Ante quienes defienden el aborto “por compasión” y quienes sueñan con bebés “superhumanos”, la voz del genetista francés se alza como un baluarte de la dignidad humana.
Es significativo que el Papa destaque el magisterio social como marco de la encíclica y muestre la actualidad que tiene en el contexto de la inteligencia artificial.
En su primera encíclica, León XIV propone una reflexión seria sobre la inteligencia artificial, que evite los simplismos opuestos de demonizarla y de idolatrarla.
Esta competición recién celebrada, en la que los atletas podían usar sustancias ilegales, ha sido promovida por algunos millonarios tecno-optimistas como un paso adelante en el camino hacia la “superhumanidad”.
Este militar ha estudiado cómo los algoritmos influyen en lo pequeño y en lo grande, desde la actitud del ciudadano corriente hasta la guerra y el orden internacional.
En el documento “Quo vadis, humanitas?”, la Comisión Teológica Internacional identifica aspectos deshumanizadores de corrientes que priorizan el desarrollo tecnológico.
Debido al potencial de la neurotecnología, juristas, científicos e intelectuales creen necesario reconocer derechos específicos que protejan de sus riesgos.
Los cribados genéticos y otras pruebas médicas “a la carta” para atajar enfermedades que quizás nunca aparezcan pueden perjudicar la salud del interesado.
Un reciente informe revisa las posibilidades y los riesgos de aplicar esta tecnología en las aulas. Y avisa: cuidado con la “pereza metacognitiva” y los “espejismos de conocimiento”.
Distintas iniciativas muestran la capacidad de la IA para facilitar el proceso creativo y de edición, pero la conexión emocional con las canciones “humanas” sigue siendo mayor.
La idea transhumanista de la mente separable del cuerpo y de la pervivencia de la persona en sus contenidos mentales implica una concepción errónea del conocimiento y del funcionamiento del cerebro.
Yascha Mounk, profesor de Relaciones Internacionales, explica cómo enseña en sus clases a argumentar y a escribir, así como a usar bien las tecnologías.
La proliferación de centros o megacentros de datos para el desarrollo de la IA conspira en algunos casos contra la salud y el bienestar de las poblaciones cercanas.
Según este libro atribuido a un ficticio filósofo chino, actualmente el poder nos manipula no tanto por el engaño, sino haciendo que nos enredemos en una maraña de relatos.
El aumento de casos de psicosis por el uso de “chatbots” está abriendo otro debate en el ámbito de la IA, pero este fenómeno no solo tiene causas tecnológicas, sino también sociales.