A menudo se dice que un embrión no puede tener derecho a la vida como una persona adulta, ya formada. Esta manera de pensar se basa en un error muy extendido hoy: la idea de que un no nacido es un individuo “en construcción”, pero los seres humanos no son fabricados como los coches.
La legalización del aborto, que suele presentarse como una liberación de la mujer, inevitablemente lleva a que el hombre quede descargado de su responsabilidad respecto a su hijo concebido. Por eso, el aborto a petición perjudica a la parte más débil.
A raíz de la demanda interpuesta por una organización cristiana, Google decide permitir anuncios de grupos cristianos de inspiración religiosa en páginas o listas de resultados sobre el término “aborto”.
En Gran Bretaña se ha reabierto el debate en torno a la relación entre aborto y salud mental. Melanie McDonagh critica a quienes se oponen a suministrar una información adecuada sobre las consecuencias del aborto.
Es frecuente que cuando el aborto entra en el terreno del debate político se comience a hablar de la preeminencia del derecho de la mujer. No es extraño que los estrategas políticos de la línea pro choice comiencen reconociendo que el aborto es un mal a erradicar, pero que en determinadas situaciones el derecho de elección de la madre prima sobre el del no nacido, a quien se elude llamar persona. Se trata de un proceso deshumanizador, que tiene su raíz en una errónea concepción de la sexualidad.
Ante las investigaciones judiciales abiertas por los fraudes en clínicas abortistas, lo que más parece preocupar al gobierno español no es averiguar si se ha incumplido la ley, sino asegurar el anonimato de las mujeres que abortaron.
El aborto selectivo de niñas es una práctica muy extendida en algunos países de Asia. Lo novedoso es que esta práctica ha empezado a difundirse también en Estados Unidos entre familias de origen asiático.