Se espera que la Convención sobre los Derechos del Niño contribuya a mejorar la situación de los niños en todo el mundo. Pero muchos temen que, de hecho, la aplicación se traduzca en un debilitamiento de la familia.
La protección efectiva de los derechos humanos exige que se puedan castigar las transgresiones, por medio, si es preciso, de instancias superiores a las leyes y los poderes nacionales. Así, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dirime los casos contenciosos entre particulares y los Estados miembros del Consejo de Europa. Pero la universalidad de los derechos humanos pide una autoridad judicial del mismo rango. Esto resulta evidente cuando se trata de casos como la guerra en la ex Yugoslavia o el genocidio de Ruanda, que no se pueden confiar a tribunales nacionales.
Fernand Keuleneer, abogado de Bruselas y presidente del Centre for the New Europe, ha pronunciado una conferencia en Zonnewende (Moergestel, Países Bajos) en la que se refirió al riesgo que supone la proliferación de nuevos derechos humanos.
El relativismo ético, a menudo invocado como un requisito democrático, demuestra su fragilidad cuando otros lo utilizan para no respetar los derechos humanos. Así se ve en un editorial de Le Monde (10-IV-96), que no duda en apelar a Juan Pablo II.