Inflación de derechos, devaluación del Derecho

Fernand Keuleneer, abogado de Bruselas y presidente del Centre for the New Europe, ha pronunciado una conferencia en Zonnewende (Moergestel, Países Bajos) en la que se refirió al riesgo que supone la proliferación de nuevos derechos humanos.

La tesis de Keuleneer es que desde hace tiempo estamos minando la esencia del Derecho. Cualquiera puede formular hoy día una reivindicación presentándola como “derecho fundamental” a hacer tal cosa, y a continuación encontrará un abogado y luego un juez que le den la razón. “Nuestro sistema jurídico se ha convertido en un catálogo de reivindicaciones, primero individuales y, conforme pasa el tiempo, de grupos arbitrarios. La política y el legislador ya no son los garantes de una cierta coherencia, sino los creadores de reglas que satisfagan todas las reivindicaciones”.

Las reformas de las Constituciones van introduciendo un inventario de nuevos derechos: derecho a la salud, a la vivienda, a un medio ambiente sano, a la autodeterminación de la propia vida… En cuanto a la igualdad entre los sexos, el poder judicial y no el legislativo ha adoptado la perspectiva de “género” para las personas, que no se basa en la distinción biológica, sino en la libre elección de la identidad sexual. “Esta proliferación de nuevos derechos -advierte Keuleneer- puede convertirse en un instrumento al servicio de la lucha política, que se desplaza así a los tribunales, donde se toman las decisiones políticas fundamentales”.

El Derecho se convierte de este modo en una coartada para el individualismo. A falta de un lenguaje ético común, cada uno apela a su propia cultura de la vida. “Bajo el derecho de autodeterminación se reclama el derecho a poner fin a la propia vida cuando se desee y además con la asistencia de la sociedad. El derecho a la salud incluye el acceso al aborto”.

Keuleneer constató también la paradoja de que asuntos públicos, como las grandes cuestiones morales, se han relegado al ámbito privado, mientras que asuntos privados, como fumar o la decisión de alquilar tu vivienda a quien quieras, son objeto de reglamentación pública, que te pueden situar fácilmente en la ilegalidad. Por ejemplo, en Holanda el conocido caso del cardenal Simonis, a quien los gaysllevaron a los tribunales por mantener que una persona podía negarse a alquilar su casa a una pareja homosexual. También comparó la creciente preocupación por la contaminación medioambiental o por el tabaquismo pasivo impuesto a los no fumadores, y la indiferencia por la contaminación cultural o espiritual.

Entre los factores que están socavando el Derecho, Keuleneer citó una cierta inflación de nuevos derechos humanos. En muchos programas políticos estos nuevos derechos se formulan con vaguedad, su aplicación no se puede controlar a posteriori y son el instrumento para otros fines que se alejan de los derechos fundamentales.

Un segundo factor es la internacionalización del Derecho. “En los organismos internacionales hay un proyecto puramente ideológico que está creando ‘nuevos derechos humanos’. Este movimiento reemplaza tradiciones cristianas y liberales por valores individualistas y de grupo, redefiniendo lo que ha de entenderse por salud, persona, democracia, desarrollo… Se declara prioritaria la estabilización de la población mundial, la salud se entiende como un estado total de bienestar, incluyendo los ‘derechos reproductivos’…” Este análisis es a primera vista sombrío. Pero, según Keuleneer, ya se va detectando la falta de coherencia y el vacío moral de ese programa. Como ha ocurrido con otros sistemas incoherentes, no resistirá el paso del tiempo. Razón de más para trabajar por crear un orden hecho a la verdadera medida del hombre.

Uno de los caminos que indica Keuleneer para devolver su valor al Derecho es reconsiderar conceptos de la moral clásica: “En ella, un derecho no existe sin su correspondiente obligación, una obligación existe sólo en relación con una norma, una norma general. La moralidad de una acción no depende de su efecto en otros, excepto cuando ese efecto es buscado. El hecho de que alguien se sienta ofendido o discriminado no convierte per se mis acciones en reprobables. Son necesarias otras circunstancias que muestran que mi modo de actuar ha violado la moral. Derecho y moral no son idénticos, es verdad, pero si el orden jurídico se aleja del moral, sus prescripciones pierden legitimidad”.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares