De un tiempo a esta parte, los ayuntamientos de muchas ciudades españolas han puesto en marcha ofertas de ocio alternativo con tal de facilitar otras formas de diversión nocturna. Estas iniciativas pretenden ofertar actividades de choque contra los riesgos del ocio nocturno.
Asistir a un concierto de U2 o Stereo Suite; oír los mítines de Sarkozy o Royale; comprar en Berskha; escuchar jazz desde un pub de Nueva Orleans o pasearse por las mejores galerías y exposiciones…
En Estados Unidos hay más de 400 parques de atracciones. En los últimos años se han centrado en ofrecer experiencias cada vez más excitantes. Con ello han perdido clientes entre niños, padres y abuelos. Ahora los parques han reforzado las diversiones para toda la familia, cuenta Daniel Wood en "The Christian Science Monitor" (3 julio 2006).
Uno de los empeños de las familias es lograr que el tiempo de ocio no cree problemas, sino que sea un factor de cohesión y de enriquecimiento. Ignasi de Bofarull, que se dedica a la docencia y a la orientación familiar, aborda este asunto en un libro recién publicado.
El auge de los llamados parques temáticos (266 millones de visitantes y una facturación de 7.500 millones de dólares en 1997 en todo el mundo) es un ejemplo de la buena salud de la economía de la diversión.