La destacada feminista Naomi Wolf defiende el aborto a petición, pero dice que habría que reconocer abiertamente que el aborto es un mal y que supone la muerte de un ser humano.
En una iniciativa sin precedentes, los ocho cardenales norteamericanos y el presidente de la Conferencia Episcopal Católica han escrito el 16 de abril una carta al presidente Clinton en la que critican su veto a la ley aprobada en el Congreso que prohibía los abortos tardíos, hechos por nacimiento parcial (cfr. servicio 53/96).
En muchos templos budistas de Japón hay miles de mizuko jiko, estatuillas que representan a niños abortados. Sus padres acuden allí en señal de arrepentimiento y duelo. Sheryl WuDunn describe esta costumbre en New York Times (25-I-96).
Le Temps de l'Église (París, noviembre 1995) entrevista a Norma Mc Corvey, la mujer cuyo caso -en el que intervino con el pseudónimo de Jane Roe- dio origen a la sentencia del Tribunal Supremo Roe versus Wade (1973), que liberalizó el aborto en Estados Unidos. En 1991, Mc Corvey empezó a trabajar en una clínica abortista y conoció de cerca la realidad del aborto. El pasado agosto anunció que había cambiado de mentalidad, ahora más favorable a la vida (ver servicio 111/95).
Un editorial de The Daily Telegraph (26-XI-95) comenta una sentencia del tribunal de Apelación británico que ha puesto de relieve la incoherencia del tratamiento jurídico que se da al feto humano.
Para tener derecho a vivir, no se precisa más título que ser persona humana, dice Charles Moore en The Spectator (Londres, 23-IX-95). El autor critica las tesis del filósofo Peter Singer, que este mismo expuso en un número anterior de la revista.