La Santa Sede y otros países han sido presentados como los "intransigentes" en la Conferencia de El Cairo por negarse a aceptar "fórmulas de compromiso" sobre el derecho al aborto. El compromiso consistía en decir, por una parte, que el aborto no debe ser estimulado como medio de planificación familiar; y por otra, que los gobiernos deben considerar el aborto "inseguro" como un problema importante de salud pública, lo cual supone implícitamente que bastará legalizarlo para que sea seguro.