Desde 1974 vige en Suecia una de las leyes de aborto más permisivas del mundo (aborto libre en las primeras 18 semanas). Durante más de dos decenios, el aborto ha sido un tema tabú, tanto en la discusión política como en el debate público. Pero desde hace algunos años están apareciendo voces "disonantes", que señalan la incongruencia de esta actitud. Un reciente editorial de Svenska Dagbladet (15-IV-98), el segundo periódico matutino de más difusión en Suecia, razona con lucidez al respecto.
En enero la prensa dio noticia del nacimiento de un niño italiano con apariencia normal pero que no tenía cerebro. Sus padres han explicado al diario La Repubblica (Roma, 28-I-98) por qué le dejaron nacer aun sabiendo que viviría poco tiempo.
La visita del Papa a la tumba de su amigo el profesor Jérôme Lejeune ha servido para comprobar una vez más dónde están hoy los gérmenes de la intolerancia. En la Francia de los derechos humanos parece que debería respetarse el derecho de una persona a rezar en la tumba de un amigo sin necesidad de pedir permiso a nadie. Y así lo han comprendido casi todos. Pero un sector minoritario de los profesionales de la tolerancia han visto ahí una "provocación", un "gesto inamistoso" o, incluso, una incitación a "acciones violentas" por parte de los que "no respetan" la ley del aborto.
En favor del aborto, y de la eutanasia, abundan los argumentos sentimentales, como el que "no parece un ser humano", "no tiene vida independiente", etc. Robert H. Bork, profesor de Derecho Constitucional en Yale, descubre, con ayuda de su mujer, el error impaciente de estos argumentos (The Human Life Review, invierno 1997).