Aniversario sin padrinos: 20 años de aborto legal en Italia

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Duración lectura: 2m. 37s.

Roma. La ley del aborto en Italia cumple veinte años, pero nadie celebra el aniversario. Se diría, incluso, que la sensibilidad de parte de la opinión pública italiana empieza a cambiar. Esta es, al menos, la impresión que se puede sacar al contemplar las reacciones provocadas por unas palabras que Juan Pablo II dedicó a este tema el pasado 22 de mayo. El Papa, en realidad, no dijo nada nuevo. Con ocasión de una audiencia al “Movimiento por la Vida” italiano, el Santo Padre manifestó con fuerza que el respeto a la vida se ha convertido en la esencia de la “moderna cuestión social”, que las leyes abortistas “manifiestan una forma no correcta de democracia, proponen un concepto reductivo de socialidad”.

Más que sus expresiones de esperanza (son cada vez más los que admiten el fracaso político de las leyes abortistas; crecen los centros de ayuda y asistencia, etc.), lo que más ha llamado la atención ha sido el balance que ha hecho de la situación en Italia, “donde en los últimos veinte años han sido suprimidos con el respaldo de la ley nada menos que tres millones y medio de niños, además de los que se han eliminado de modo clandestino”.

Contrariamente a lo que cabía suponer, en esta ocasión no se ha alzado el coro de protestas para denunciar esta “injerencia del Papa en los asuntos internos”. Aunque no han faltado voces que han repetido esos clichés, el tono general ha sido la consideración de que el Papa no ha cometido una injerencia sino que ha presentado un desafío.

Ha sintetizado bien la situación el periodista Ferdinando Adornato, director de la revista Liberal: “Son insostenibles las acusaciones dirigidas al Papa de intromisión en la vida del Estado. Si acaso, es el Estado el se se entromete demasiado en nuestra vida… Pero lo que más me ha molestado son los silencios y la hipocresía de algunos políticos de inspiración cristiana: ¿Cómo pueden limitarse a decir que ‘no existen las condiciones políticas para una posible revisión de la ley’, que el problema afecta a los individuos y no, por ejemplo, a los grupos, a los partidos, al gobierno? Cada uno tiene el derecho a luchar para que la sociedad en la que vive sea la sociedad en la que cree”.

Aunque el debate provocado por las palabras del Papa no tendrá efectos inmediatos, son muchos los que subrayan que supone una primera brecha en el muro ideológico que hasta ahora impedía el diálogo. Como dice el ex primer ministro socialista Giuliano Amato, quien se manifestó siempre crítico con la ley del aborto, la defensa de la vida es para muchos italianos un problema más importante que la definición de los poderes del presidente de la república (tema sobre el que se está discutiendo). Pero se precisa valentía por ambas partes, también que “los católicos superen la timidez motivada por el oportunismo político”.

Diego Contreras

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