El aborto visto de cerca

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Duración lectura: 2m. 16s.

Le Temps de l’Église (París, noviembre 1995) entrevista a Norma Mc Corvey, la mujer cuyo caso -en el que intervino con el pseudónimo de Jane Roe- dio origen a la sentencia del Tribunal Supremo Roe versus Wade (1973), que liberalizó el aborto en Estados Unidos. En 1991, Mc Corvey empezó a trabajar en una clínica abortista y conoció de cerca la realidad del aborto. El pasado agosto anunció que había cambiado de mentalidad, ahora más favorable a la vida (ver servicio 111/95).

(…) Conozco muy poca gente que pueda presenciar un aborto y después seguir estando a favor del aborto.

Lo sé bien, lo he aprendido de mujeres con que vivía y trabajaba. Las he oído hablar, quieren ayudar a las mujeres; pero, al mismo tiempo, son totalmente conscientes de que abortar es matar a un niño. Interiormente están completamente aterrorizadas.

– ¿No hay entre ellas personas sinceras que piensan que de esta forma ayudan a las mujeres?

– Algunas quieren tal vez convencerse de que trabajan por una buena causa, pero para ellas es sólo un debate intelectual. Todo lo que quieren, de hecho, es hacer progresar su causa. Si sintiesen verdaderamente algo por las mujeres, intentarían ayudarlas de otra forma. Para estas militantes, el derecho al aborto es una postura cómoda de la que están orgullosas. Pero realmente no se preocupan de la mujer embarazada y mucho menos, por supuesto, de la suerte del niño.

– ¿Y la libertad de abortar que invocan como leitmotiv las militantes abortistas?

– La única libertad que se puede reclamar es la de la vida. El discurso abortista no es más que una gigantesca mentira. Se dice a las mujeres: “Abortar es fácil”. Pero, una vez que abortan, su problema se va agrandando y no deja de crecer. Sólo después se dan cuenta de lo que les ha sucedido. Comprenden que su hijo podría estar a su lado, y sufren. Hoy ya nadie duda hablar del trauma post-aborto.

Esta misma mañana he hablado por teléfono con una mujer que acababa de abortar. Sólo habían pasado dos semanas, y ya está arrepentida.

– Usted ha podido observar a los militantes pro-vida desde el campo de los pro-choice: ¿qué piensa de sus acciones de “comando”?

– No creo que esté bien gritar a la cara de la mujer que se acerca a una clínica abortista. Los gritos intimidan. Entonces esta mujer se repliega sobre sí, levanta barreras interiores. Pero si se acercan a ella y le preguntan educadamente: “¿Qué hace usted aquí? ¿Sabe que va a matar a su bebé?”, entonces tienen alguna posibilidad de conseguir un efecto positivo.

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