Amnistía y aborto

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Contrapunto

Dentro de la tradicional ley de amnistía que va unida en Francia a la elección de un nuevo presidente, el Parlamento ha debatido qué incluir y qué excluir del perdón presidencial. Sorprendentemente, la mayor polémica se ha dado en torno a las personas condenadas por perturbar la realización de abortos: son los escasos grupos que ocupan servicios ginecológicos, protestan y a veces se encadenan a las mesas de operaciones. El suyo es un método discutible, que ni tan siquiera encuentra apoyo entre todos los que comparten los mismos principios de respeto a la vida.

Para justificar su exclusión de la amnistía, se dice que el perdón a los llamados “comandos anti- aborto” daría nuevos ánimos a los que no respetan la ley que permite el aborto. El gobierno adoptó esa postura y la Asamblea Nacional aprobó así la amnistía. Pero en el Senado, en contra de la opinión del gobierno, se introdujo una distinción entre los grupos que hubieran utilizado “amenazas o violencia” y los que se hubieran manifestado “pacíficamente”. Estos últimos podrían quedar incluidos en la amnistía.

Al final la enmienda no prosperó en la comisión mixta parlamentaria. Pero bastó el debate para que algunos dijeran que el derecho a abortar estaba “amenazado”. Un comunista calificaba la enmienda de peligrosa porque “conduce a absolver a los partidarios del orden moral” (¿los defensores de la ley del aborto son entonces partidarios del orden inmoral?). Otro senador socialista pensaba que con la amnistía los comandos anti-aborto “se sentirán reconfortados en su cruzada propia de otra época”.

Ciertamente, esta cruzada recuerda a la de otra época: la de los años en que se protestaba contra la ley que reconocía al feto el derecho a la vida y, en consecuencia, penalizaba el aborto. Entonces, algunos grupos tenían a gala desafiar la ley para exigir su abrogación. En muchos países, también en Francia, hubo manifiestos de mujeres famosas que se autoinculpaban de haber abortado, médicos que se declaraban orgullosos de realizar abortos, tribunales que absolvían lo que la ley castigaba… La ley era infringida para demostrar que era inútil y perniciosa.

La acción de los comandos anti-aborto se inscribe en esta tradición. Pero los que entonces apelaban a la conciencia contra la ley, ahora son los guardianes del nuevo orden jurídico. Ahora se impone el respeto de la ley a rajatabla. Pero si entonces se decía que la ley era hipócrita, hay que preguntarse si es más sincera la actual. Pues, como bien señaló uno de los senadores durante el debate: “Es preciso tener en cuenta todas las violencias. Y en el asunto del aborto, hay otra violencia, la infligida al niño en el seno de su madre”. Pues los comandos anti- niño no son menos violentos aunque lleven bata blanca.

Ignacio Aréchaga

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