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En 1997, Sonnenfeld adaptó el cómic de Lowell Cunningham con Steven Spielberg como productor ejecutivo. El resultado fue una buddy movie de policías dispares persiguiendo alienígenas en pleno auge de series televisivas como Expediente X. Algunas secuencias divertidas, vistosos efectos especiales y un humor tontorrón y no demasiado ácido. Nada más.

En 2002, la segunda entrega resultó chabacana, limitándose a repetir el esquema, con un Jones hierático y un Smith histérico, pero está vez con tono de comedia grosera, llena de chistes zafios.

Diez años después, Spielberg y Sonnenfeld retoman la franquicia con una historia insulsa, que solo puede captar a los que siguieron con interés las dos películas precedentes, ya que abusa hasta el fastidio de los gags autorreferenciales. Cómo no, hay un viaje en el tiempo, una insulsa caza del alienígena que quiere destruir el mundo y un Will Smith nuevamente insufrible, con un carnaval de muecas y vocecitas.

Eso sí, es la película más blanca de la serie, no hay groserías. Algo es algo.

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