Ian Blackman
Los hermanos Coen ofrecen aquí un inteligentísimo ejercicio de metacine, una hilarante historia, una sucesión de escenas brillantemente escritas… y, sobre todo, una emotiva carta de amor al séptimo arte.
Con el protagonista y el director originales fuera de la saga, la nueva entrega resulta digna pero no logra igualar la calidad de las anteriores.
La tercera entrega de la saga aporta poco, con un argumento pensado para iniciados, pero al menos no es grosera.

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