Tras darse a conocer como guionista en las comedias Big y Mr. Baseball, el californiano Gary Ross se ha mostrado después como un director interesante, pero con limitaciones, en sus películas Pleasantville (1998), Seabiscuit, más allá de la leyenda (2003) y Los Juegos del Hambre (2012). Todas ellas gozan de sugerentes planteamientos narrativos, dramáticos y visuales, y están bastante bien interpretadas, pero carecen de ese punto de genialidad y conmoción de las grandes obras cinematográficas. Similares cualidades y carencias se aprecian en Los hombres libres de Jones, quizás su película más ambiciosa, que recrea hechos reales poco conocidos fuera de Estados Unidos y que son discutidos por los historiadores.

La película presenta al piadoso granjero sureño Newton Knight como un cumplidor enfermero del ejército confederado durante la cruenta Guerra de Secesión (1861-1865). Pero un día, harto de luchar por los intereses de los más ricos, abandona su puesto para ir a enterrar a un familiar, y es declarado desertor y perseguido con extremada crueldad.

Como en otras películas de Ross, y dejando a un lado sus posibles omisiones y parcialidades, el guion es irregular, quizás porque abarca demasiadas subtramas sugerentes, pero solo resuelve con vigor algunas de ellas. Entorpecen especialmente el ritmo y el tono los discursivos pasajes judiciales en torno a un descendiente de Knight, ambientados ochenta años después de la trama principal. En cualquier caso, el poderoso arranque bélico, la creciente tensión dramática de la historia, la fluida puesta en escena de Ross y el buen hacer de todo el reparto —especialmente de un sensacional Matthew McConaughey— hacen que el espectador vea la película con interés, vibre con su decidida defensa de la integración racial —asentada en los firmes principios cristianos del protagonista— y se sienta interpelado por su incisiva crítica al clasismo que supuestamente dio origen a la Guerra de Secesión, y que limitó y retardó trágicamente sus posibles consecuencias positivas.

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