Sociedad

Sydney. Australia vive un doloroso examen de conciencia, provocado por el reciente informe oficial sobre los niños aborígenes que, con aprobación del gobierno, fueron arrancados de sus familias para ser educados en orfanatos o por padres adoptivos de raza blanca. A la vez, una controversia en torno a los derechos de los aborígenes sobre sus antiguas tierras enfrenta a criterios de justicia con el temor a los perjuicios que puede ocasionar la restitución.
La pobreza no es simple falta de recursos económicos; en muchos casos, su raíz está en patologías familiares que el solo dinero no remedia. Así dice Robert J. Samuelson (International Herald Tribune, 7-V-97), comentando un estudio titulado "Lo que el dinero no puede comprar", de la socióloga Susan Mayer (Universidad de Chicago).
La violencia representada en los medios de comunicación no se limita a reflejar la del mundo real: también la fomenta.
El reparto del trabajo como arma para combatir el paro sigue siendo motivo de polémica. Armand Laferrère señala en Commentaire (París, nº 76, invierno 1996-97) algunos límites económicos de esta experiencia.
El modelo japonés
Les retiene el empleo precario y la seguridad familiar
En favor del aborto, y de la eutanasia, abundan los argumentos sentimentales, como el que "no parece un ser humano", "no tiene vida independiente", etc. Robert H. Bork, profesor de Derecho Constitucional en Yale, descubre, con ayuda de su mujer, el error impaciente de estos argumentos (The Human Life Review, invierno 1997).
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