Se acercaba a los pensadores de toda época con sincera apertura; tomaba de cada uno lo que encontraba de verdadero, sin reparos para reconocer méritos ajenos ni perdonar la crítica de lo que consideraba falso.
En el centenario de su nacimiento, Raymond Aron (1905-1983) es recordado como un pensador que no temió ir a contra corriente, cuando muchos veían en el marxismo la filosofía insuperable de la época.