Isaac Newton: una vida

TÍTULO ORIGINALThe Life of Isaac Newton

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Cambridge University Press. Cambridge (2000). 443 págs. 3.115 ptas. Traducción: Menchu Gutiérrez.

Richard Westfall se colocó a la cabeza de los estudiosos de Newton al editar, en 1982, una enorme biografía de casi mil páginas, con documentación nueva. Esta obra es una síntesis de aquélla y había sido también editada en castellano, muy modestamente, por la misma editorial en 1996. Después de sus primeros pasos en el mercado español, Cambridge University Press ha preparado una edición más digna. No se puede decir que la traducción sea siempre feliz, pero el texto es claro y el tema, apasionante.

Se trata de una biografía científica, que intenta dar cuenta de los problemas que Newton (1642-1727) se planteaba en los campos de la matemática, la mecánica y la óptica, mostrando la evolución de su pensamiento y el sentido de sus logros; aunque en este trabajo más breve se ha eliminado el aparato matemático.

El relato está muy bien contextualizado y consigue transmitir una impresión viva, tanto del peculiar carácter de Newton, como de la envergadura de su aportación. En el contexto de su época, destaca mejor la finura de su intuición, sus esfuerzos por conducirse con una metodología científica, su capacidad de pensar experimentos cruciales y de crear los instrumentos de observación y medida adecuados; y, sobre todo, la novedad de sus conceptos que desarrollaron la matemática y fundamentaron la física.

Además de muchas rarezas y curiosidades biográficas, nos enteramos de aspectos menos conocidos. En los últimos decenios se han estudiado manuscritos que Newton no había querido editar, que manifiestan su apasionado y persistente interés por la teología y también (todo hay que decirlo) por la alquimia. En muchos momentos, estos intereses le absorbieron más que las cuestiones propiamente científicas.

En el campo de la teología, tras una investigación intensa pero no muy bien orientada en la Sagrada Escritura, derivó hacia el unitarismo (arrianismo), aunque lo mantendrá en secreto. En el campo de la alquimia, la documentación prueba sus esfuerzos, pero no acaba de desvelar sus convicciones. Aunque era raro para la correspondencia, trató largamente con Locke, que compartía su punto de vista teológico; y con Boyle, que participaba en el mismo interés ocultista por la alquimia. Newton hizo mucha ciencia, pero no todo fue ciencia.

Juan Luis Lorda