Los colegios públicos de Seattle han denunciado a las principales redes sociales por fomentar un uso adictivo en los menores. Se unen así a la presión de algunas familias y políticos.
La creencia de que los jóvenes de hoy prefieren gastar el tiempo en sus móviles en lugar de leer, olvida el hecho de que las pantallas también pueden ser soportes para la lectura.
La precariedad que afecta a los jóvenes no es solo material. La falta de proyecto vital, o de ánimos para afrontarlo, tiene que ver también con una cultura juvenil degradante.