Balada triste de trompeta

Balada triste de trompeta

TÍTULO ORIGINAL Balada triste de trompeta

PRODUCCIÓN Francia - 2010

DURACIÓN 107 min.

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNLenguaje soez, Violencia, Sexo

ESTRENO17/12/2010

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Alex de la Iglesia sigue fiel a su trayectoria tragicómica, patinando con la película que -paradójicamente- triunfó en el Festival de Venecia: el jurado presidido por Tarantino le concedió los premios a director y guión.

El argumento se centra en la lucha entre dos payasos, Sergio y Javier, que están enamorados de la misma mujer, una trapecista. El film tiene un prólogo situado en el Madrid de la Guerra Civil, donde conocemos el trauma que convierte a Javier en un hombre desequilibrado y lleno de rabia y sed de venganza. El resto se sitúa en los últimos años de la vida de Franco, en el marco de un circo madrileño.

La película tiene momentos brillantes de buen cine, cuenta con un excelente diseño de producción y comienza con unos memorables títulos de crédito que prometen mucho más de lo que de hecho ofrece. Y es que el tono es uno de los principales problemas de la cinta: se abordan cuestiones de gran densidad dramática en un formato surrealista y gore que los vacía tanto de su aceptabilidad como de su hondura. Esa opción recuerda demasiado a la de Tarantino, pero carece de la personalidad de este.

Ciertamente, es una lástima que Alex de la Iglesia haya optado por llevar al límite esa fórmula esperpéntica, pues en la película se ventilan no pocos asuntos de interés: el cainismo español, el maltrato, la vocación social del cómico… que quedan desdibujados en la mueca de una caricatura forzada e hiperbólica. A la vez, es de justicia señalar que el tratamiento de las dos Españas resulta inteligente y novedoso. No es que el film sea equidistante, pero da la espalda a muchos tópicos.

Desde el punto de vista artístico, el film es muy brillante, pero muy excesivo en su brutalidad, tanto en las escenas de sexo como en las numerosas carnicerías a las que asistimos. Todo habría quedado más compensado con un guión sólido, claro, profundo, y no con el libreto errático, irregular y confuso que sustenta -o intenta sustentar- la película.

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