Para un diálogo ecuménico constructivo hace falta que la identidad católica esté clara. Esto es lo que pretende un documento publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, que despeja dudas sobre la naturaleza de la Iglesia.
Se está elaborando una nueva Constitución (la anterior era de 1999), con el objetivo confesado de instaurar “un modelo político y social bajo el signo ideológico del así llamado socialismo del siglo XXI”.
El creciente número de mujeres que trabajan en “ministerios eclesiales laicos” en parroquias católicas de EE.UU. acentúa la feminización de la Iglesia, que siempre ha atraído más a mujeres que a hombres. Las repercusiones de este fenómeno son analizadas por John L. Allen en su artículo semanal para el National Catholic Reporter (29 junio 2007).
Para algunos, la influencia de la fe en el mundo actual se reduce a guerras de religión, terroristas suicidas y coches bomba. Creen que las convicciones religiosas llevan dentro de sí un germen de intolerancia que conduce a la violencia. Un libro de Keith Ward, profesor del Gresham College (Londres), examina los hechos y los pone en su contexto.
Además de Keith Ward, otros analistas, como Robert Pape o André Glucksmann, advierten que muchos conflictos actuales atribuidos a la religión obedecen en realidad a motivos políticos, étnicos o nacionalistas.