Pocas respuestas a la inquietud espiritual de los universitarios estadounidenses

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 2m. 46s.

La Universidad de Harvard ha presentado su nuevo plan de estudios para alumnos de primeros cursos, en el que incluye una asignatura obligatoria para paliar la grave incultura religiosa, tal y como había anunciado hace unos meses (ver Aceprensa 108/06). Un artículo del Christian Science Monitor (25-5-2007) considera que Harvard ha rebajado la idea inicial a “una asignatura que enseñará, entre otros temas, simplemente sobre cultura y creencias”.

El CSM dice que este cambio revela mucho acerca de la dificultad de las universidades para responder al creciente interés de los estudiantes por encontrar respuestas significativas al sentido de la vida.

“Una encuesta de 2004 entre 112.000 universitarios de primer año reveló que cerca de la mitad dicen estar buscando oportunidades para crecer espiritualmente. Pero una vez en la facultad, cerca de la mitad de todos los estudiantes están descontentos con las oportunidades que se ofrecen para la ‘reflexión espiritual’. Cerca de dos tercios dicen que sus profesores nunca fomentan la discusión sobre temas religiosos o espirituales, según la encuesta del Higher Education Research Institute (HERI) de la UCLA”, se lee en el artículo.

“El creciente interés por la espiritualidad ha llevado a muchos más estudiantes a matricularse en cursos de religión o a especializarse en religión, informa The New York Times. Muchos estudiantes deciden vivir en residencias de estudiantes que prestan atención a cuestiones de fe”. A menudo estos estudiantes fueron educados por padres que no les transmitieron una educación religiosa, “pero cuando se tropiezan con las dificultades en la universidad, buscan respuestas a las cuestiones importantes de la vida”.

El ex decano de la Facultad de Derecho de Yale, Anthony Kronman, publicará un libro en el que muestra “que las universidades han expulsado de sus aulas la más importante cuestión que una persona puede preguntarse: de qué debe uno preocuparse y por qué”. Según el CSM, Kronman considera que “los profesores de humanidades, especialmente, están cegados por la ‘niebla de la corrección política’ y han perdido visión y confianza para ayudar a sus estudiantes a explorar la cuestión del sentido de la vida”.

“El instituto [HERI] de UCLA ha estado siguiendo la pista a facultades que intentan crear espacios ‘seguros’ para un diálogo sobre espiritualidad, sin promover una religión particular. Ha encontrado que varias facultades están ahora formando profesorado para ayudar a los estudiantes a adentrarse en reflexiones más profundas sobre las cuestiones fundamentales”.

Señala algunos casos, como la Universidad Estatal de Florida, que ha organizado actos para profesores con el fin de hablar sobre el modo de compaginar lo académico con la atención a los “intereses en temas espirituales de los estudiantes”. La Carnegie Mellon University ha comenzado un programa para animar a los estudiantes que viven en residencias a explorar las “grandes cuestiones” sobre el sentido de la vida y el éxito, en colaboración con el profesorado. Estudiantes de segundo año en la Universidad Miami de Ohio son invitados a participar en grupos que se centran en la búsqueda de sentido de la vida.

Para el CSM, todos estos ejemplos reflejan la necesidad de encontrar un lugar en el ámbito académico para las inquietudes de “millones de estudiantes espiritualmente sedientos”.