Owen Wilson
Wes Anderson se ha convertido en el director más atractivo para los grandes actores y en uno de los más extravagantes para el espectador.
Rayo McQueen se resiste a admitir que ha pasado el tiempo y es hora de ceder el testigo a la nueva generación, pero intenta mostrar su valía en una última carrera.
Un eficaz arranque se resuelve luego en un larguísimo exceso de sordidez con un desarrollo confuso del argumento.
El hotel descrito en la novela de Stefan Zweig es el escenario de un imaginativo juego, protagonizado por el dueño y un joven botones, y filmado con estética “naïf”.
Discreta pero agradable película, con tres cómicos muy dados al histrionismo que logran interpretaciones contenidas, amables e incluso emotivas.
Impresionante animación, pero al servicio de un guión episódico, con los mismos defectos de la primera entrega.
Deliciosa comedia de Allen, con un guión ingenioso y un humor muy logrado.
La historia es poca cosa y el metraje está inflado. El buen trabajo de los actores salva lo que se puede de la película.
Anderson adapta un cuento de Roald Dahl de una manera que resulta atractiva tanto a niños como a mayores.
Divertida comedia de aventuras que logra superar a la primera entrega, con buenas interpretaciones y espectaculares efectos digitales.
Lo que podría ser una sátira sobre la trastornada manera de afrontar el matrimonio y la vida familiar se convierte en un espejo complaciente.
Director: John Lasseter. Guión: John Lasseter y Dan Fogelman. Música: Randy Newman. Montaje: Ken Schretzmann. Dibujos animados. 121 min. Todos.

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