En plena eclosión del feminismo, Joaquín Sabina cantaba “las niñas ya no quieren ser princesas”. Hoy vuelven las princesas, pero éstas han perdido la inocencia de los cuentos infantiles. Son princesas de cuentos para mayores.
En su discurso al tribunal de la Rota, Romana Benedicto XVI ha afirmado que el derecho a casarse en la Iglesia exige “la recta intención de casarse según la realidad natural del matrimonio”.
Desciende el número de matrimonios y crece el éxito de la fórmula del Pacto Civil de Solidaridad (PACS), mientras el aumento de rupturas hace que más adultos no vivan en pareja.
Para que los jóvenes comprendan que vale la pena comprometerse en el matrimonio, tienen que entender la sustancia de la unión matrimonial, que no se reduce a los ritos formales.
En América, casarse sigue siendo la manera más normal de fundar una familia entre personas con estudios universitarios y buenos ingresos, mientras que en los niveles socioeconómicos inferiores es más habitual eludir el compromiso matrimonial.
Una encuesta nacional muestra que la mayoría de los estadounidenses siguen teniendo interés en casarse y no consideran que el matrimonio esté superado.
El primer ministro británico ha afirmado que su gobierno promoverá el valor del compromiso y de las relaciones estables, pero sin decir que hay que apoyar el matrimonio por encima de la cohabitación.
Las protestas de los partidarios del respeto a la vida y de la integridad familiar contra determinadas leyes van acompañadas de soluciones alternativas y de una solidaridad práctica.