Radiografía del matrimonio y la familia en EE.UU.

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Duración lectura: 5m. 33s.

Una encuesta nacional muestra que la mayoría de los estadounidenses siguen teniendo interés en casarse y no consideran que el matrimonio esté superado, aunque la opinión sobre las nuevas formas de convivencia está muy dividida. Pese a todo, la mayoría de los encuestados considera que la familia es lo más importante en su vida.

El estudio, realizado conjuntamente por Pew Research Center y el semanario Time, buscaba realizar una radiografía de la situación de la familia norteamericana y determinar los cambios que se han producido en los últimos decenios.En las sociedades de hoy, por unas u otras razones, el matrimonio tiende a posponerse mucho más que hace treinta años. Una de las causas que explican ese retraso está relacionada con la entrada en el mundo laboral y el logro de cierta estabilidad económica.

De hecho, el informe señala que lo que sí se ha ampliado es la brecha entre clases sociales en relación con el matrimonio, un dato preocupante según Time. Casarse sigue siendo la manera más normal de formar una familia entre personas con estudios universitarios y buenos ingresos (64%); pero esto no significa que aquellos que pertenecen a una clase socioeconómica inferior eludan el compromiso matrimonial: también desean casarse, pero retrasan su decisión hasta encontrar una situación económica más estable.

El matrimonio sigue siendo valorado

El resumen de Time habla por sí mismo: lo que puede deducirse es que el matrimonio sigue siendo una institución social importante, aunque algunos no lo consideren necesario; hoy, se afirma “ni las mujeres ni los hombres necesitan casarse para mantener relaciones sexuales, éxito profesional, respeto ni incluso para tener hijos, pero el matrimonio sigue siendo venerado y deseado”.

En cualquier caso, en Estados Unidos el matrimonio sigue siendo la unión más estable. Como señala Cherlin, las parejas de hecho aumentan pero son mucho menos duraderas, de modo que solo el 6% de los niños norteamericanos son hijos de parejas que viven juntas sin estar casadas. También se ha apreciado una estabilización en las tasas de divorcio en los últimos años.

Y pese a los titulares con el que el Pew Center y Time comunican los resultados, la mayoría de los encuestados es optimista con respecto al futuro de la familia. Como indica Time, “el matrimonio sigue siendo el mejor camino para que la mayoría de la gente haga realidad sus sueños”, y aunque los sueños no siempre se cumplen, añade, los estadounidenses aman tanto el matrimonio como para al menos intentarlo.

No es de extrañar, pues, que un mayoritario 76% manifieste que su familia es lo más importante en su vida y que el 75% está muy satisfecho con su vida familiar. Eso significa, como acertadamente ve el informe, que, pese a las opiniones, lo que no decae es la importancia del vínculo familiar: el 83% se sentiría muy obligado a cuidar de sus padres, por ejemplo, pero no tanto a hacerlo con quienes no comparten ningún tipo de relación familiar.

Las uniones civiles comprometen menos

Ante estos datos, la solución que los expertos contactados por Time ofrecen para cambiar algunas de las tendencias consiste en reforzar más el matrimonio, haciendo hincapié en la comunicación entre los cónyuges. Para Seth Eisenberg, presidente de la Fundación PAIRS, una de las más importantes del país entre las dedicadas a las relaciones familiares, la ventaja del matrimonio consiste en que es como el pegamento. “Se puede construir sobre él. Vivir juntos es como un velcro. El compromiso matrimonial ofrece a las personas la posibilidad de crecer y prosperar de un modo que no lo permiten otras relaciones”, añade.

Los sociólogos tienen otro punto de vista. A su juicio, la situación cambiaría si se añade más seriedad y un mayor compromiso en las formas de convivencia no matrimoniales. No puede ser, señalan, que el matrimonio implique unas obligaciones y que la convivencia extramatrimonial no imponga vínculos similares. Esto se antoja ciertamente paradójico, pues precisamente se ha intentado explicar el auge de este tipo de uniones apelando a una flexibilidad ajena al matrimonio. ¿No es lo mismo esto que apoyar al matrimonio? ¿Por qué tanto interés en asimilarse a una institución que se tacha de obsoleta?

Un descrédito aparente

Lo que este juego de datos y esta diversidad de análisis plantean es que pese a un aparente descrédito del matrimonio, éste sigue siendo una institución importante para la sociedad y para sus miembros. Al final resulta que las nuevas formas de convivencia, que se pusieron en marcha como alternativas a una institución presuntamente en vías de extinción, buscan parecerse cada vez más al matrimonio.

A este respecto es sintomático lo ocurrido en el Reino Unido, cuya legislación diferencia entre matrimonios, sólo heterosexuales, y las uniones civiles (civil partnerships), reservadas para parejas homosexuales. Ambos tipos de uniones cuentan básicamente con los mismos derechos en cuanto a propiedad, herencia, pensiones, etc., y se diferencian principalmente en que las uniones homosexuales son más fáciles de disolver. Peter Tatchell, un activista homosexual, considera que contar con dos instituciones con diferencias basadas exclusivamente en la orientación sexual supone una discriminación de dos vías que vulnera los derechos de los gays, por una parte, porque se les prohíbe contraer matrimonio, y de los heterosexuales, por otra, porque no pueden acogerse al estatuto de la civil partnership.

Ahora, según The Economist, buscan que sus uniones puedan ser denominadas matrimonios. Por eso en noviembre pasado se emprendió una campaña para desafiar la ley. Una sucesión de parejas de dos clases comenzó a presentarse en las oficinas del registro civil: por un lado, parejas homosexuales que querían casarse, y por otro, parejas heterosexuales que pretendían ser reconocidas como uniones civiles. Todas fueron rechazadas, lo que sirve a los promotores de la iniciativa para defender su tesis de la doble discriminación.

Si el matrimonio está en decadencia, si no es más que una antigualla, no parecen creerlo así los implicados en esta paradójica campaña. Pues unas parejas equiparadas a las casadas reclaman también el nombre de matrimonio. Y otras parejas que podrían casarse piden todo lo que tiene el matrimonio, menos el nombre. Quizás la confusión empezó con la equiparación misma, hecha como si el matrimonio no fuera más que un título legal.

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