Mujeres y niños, con familia

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En la reciente cumbre de Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio se ha lanzado una Estrategia Mundial para la Salud de las Mujeres y de los Niños, que se financiará con 40.000 millones de dólares prometidos por los países donantes. Carolyn Moynihan comenta en MercatorNet (23-9-10) la ausencia de referencias al hombre y a la familia en estos planes.

“Hay un punto en el que la retórica acerca de la salud de las mujeres y de los niños empieza a derivar hacia la ideología”, advierte Moynihan. Y es que el padre está ausente de estos planes. Es verdad que las madres y los niños son particularmente vulnerables, pero el padre tiene un papel para cubrir las necesidades de la familia, incluida la educación de los hijos.

Los hombres, olvidados

Sin embargo, los programas de desarrollo en general y los Objetivos del Milenio en particular, olvidan el papel del hombre. “Rara vez hablan de los maridos y de los padres excepto en el contexto de ‘equidad de género’, cuando los presentan como causa de desigualdad y de violencia. Por la misma razón, la unidad familiar es ignorada y la palabra “familia” apenas se oye excepto al hablar de family planning, en cuyo caso el contexto no es la familia como tal sino los derechos de las mujeres o las políticas demográficas.”

En relación con esto, dice Moynihan, “no es esperanzador que durante la cumbre de la ONU Hillary Clinton anunciara una nueva alianza entre USAID (la agencia oficial de desarrollo de EE.UU.), el Reino Unido, Australia y la Fundación Gates que, según el Guardian, ‘se centrará en remediar la escasez de planificación familiar en los países en desarrollo’. El acceso a la contracepción y el aborto parece resumir la idea que Hillary Clinton tiene de “salud materna”.

La familia cuenta

Aunque puede haber serios obstáculos para que en los países en desarrollo el marido cumpla su papel en la familia (por falta de empleo, falta de educación, tradiciones culturales que pueden llevar a dominio sobre las mujeres), no hay razón para olvidarse de él y de la unidad familiar. Moynihan da varias razones.

En primer lugar, “las Naciones Unidas, sus miembros y sus agencias, están obligados, por el art. 16 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, a reconocer la familia como ‘el elemento natural y fundamental de la sociedad y que tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado’. Y este documento fundador no está hablando de ‘familias’ formadas por mujeres y niños, sino de familias fundadas en el matrimonio.”

“En segundo lugar, el matrimonio es una institución que favorece la creación de riqueza, mientras que la maternidad en solitario y la ruptura matrimonial son importantes causas de pobreza. Esto es verdad en los países ricos, como las investigaciones sobre la familia lo han mostrado repetidas veces, y los países en desarrollo deberían tomar nota de ello si quieren erradicar la pobreza. Los pasos dados para fortalecer las familias darán dividendos a largo plazo, todavía mucho después de que los programas de ayuda al desarrollo hayan finalizado.”

En tercer lugar, “los padres responsables y comprometidos criarán hijos con similares capacidades, y tales familias serán más resistentes frente al extremismo político y los gobiernos corruptos.”

“Y, lo que es más importante, las familias sólidas son esenciales para la salud emocional de los hijos así como para su seguridad material. Sería una triste misión salvar a los niños de morir por diarrea solo para privarlos después de unos padres cariñosos y responsables.”

“Si los hombres de los países pobres no están a la altura de su papel, debe hacerse un esfuerzo intensivo para educarlos y apoyarlos. Esto es en parte una tarea espiritual y moral, a la que pueden hacer una importante contribución las ONG de inspiración religiosa. En cuanto a la acción de los gobiernos, nada puede ser más importante para elevar la moral de los hombres que construir una economía que proporcione puestos de trabajo para ellos, y no solo para las mujeres”.

“Todo el dinero del mundo no remediará las debilidades sociales. La trágica mortalidad de madres y de niños en los países en desarrollo necesita ser reducida. Pero la salud y el bienestar de las mujeres y de los niños está íntimamente ligado con la unidad familiar y todo lo que debilite esto requiere también urgente atención.”

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