El auge de las redes y servicios digitales ha hecho surgir un nuevo modelo económico, el capitalismo de la vigilancia, que tiene una gran influencia en nuestras vidas.
El documental “El dilema de las redes”, en el que genios tecnológicos denuncian la manipulación que ejercen las plataformas, muestra en el fondo que no hay libertad si la verdad no importa.
La red social de microvídeos engancha a niños y jóvenes porque ofrece una comunidad de “amigos” caracterizada por la ligereza, el cambio constante y la posibilidad de volverse viral sin ser una “celebrity”.
La nueva ley francesa contra la difusión de contenidos ilícitos por Internet obliga a las redes sociales a retirarlos en las 24 horas siguientes a recibir la denuncia.
La protesta que sacudió a Francia hace un año se originó en Facebook y dio voz a gente de la periferia que antes no era escuchada, como muestra un estudio de su génesis.
Si hasta hace poco la adicción a las pantallas parecía tema de adolescentes y jóvenes, sus padres también se aficionan en exceso a las tecnologías y no ponen límites al tiempo de uso.
La difusión de imágenes sexuales privadas en las redes sociales es uno de los muchos ciberdelitos que se cometen con la ayuda involuntaria de la víctima. Daniela Dupuy, fiscal de Buenos Aires especialista en cibercrimen, recomienda cautela.
Para el director general de la Fundación Aprender a Mirar, la cuestión no es dar la espalda a las nuevas tecnologías, sino aprender cómo relacionarse positivamente con ellas.
Entre los servicios que presta Facebook a sus usuarios está el avisar de los cumpleaños, que para algunos es el único motivo para no cerrar sus cuentas. Pero el tema va más allá de lo trivial.