A ambos lados del Atlántico preocupa la inmigración. Pero hay importantes diferencias en el modo de enfocar el problema, señala "The Economist" (3 junio 2006).
El congreso de Filipinas acaba de abolir la pena de muerte, después de que un comité conjunto del Senado y la Cámara de Representantes unificara los dos proyectos de ley que se debatían en ambas cámaras. La ley entrará en vigor una vez que la firme la presidenta, Gloria Macapagal Arroyo, muy posiblemente antes de que comiencen las vacaciones parlamentarias [1]. Filipinas se convertirá así en el cuarto país del sudeste asiático-Pacífico, junto con Australia, Nueva Zelanda y Timor Oriental, que ha eliminado de sus leyes la pena capital. La ley beneficiará a los casi mil condenados que esperaban en el corredor de la muerte.
Un proyecto de ley y un programa ya en marcha pretenden aumentar en la universidad brasileña la presencia de alumnos de raza no blanca o de clases desfavorecidas.