Francia no permite donar sangre a los homosexuales masculinos

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El gobierno francés no tiene intención de cambiar la medida establecida en 1983 que excluye a los homosexuales masculinos de la donación de sangre. El ex ministro y diputado socialista Jack Lang había pedido en una carta al ministro de Sanidad el fin de esta “medida discriminatoria”. En su respuesta, el ministro, Xavier Bertrand, expone las razones que justifican esta exclusión, sobre todo el riesgo de la transmisión del virus del sida.

El ministro contesta que la homosexualidad en sí misma no es un criterio de exclusión (a las lesbianas se les permite donar sangre). Pero señala que “los datos epidemiológicos muestran que la prevalencia de la infección por VIH en la población homosexual masculina sexualmente activa es de un 12,3%, contra un 0,2% en el conjunto de la población. No es, pues, el hecho de ser homosexual, sino la práctica de relaciones sexuales entre hombres lo que constituye una contraindicación para la donación de sangre”.

Para justificar la exclusión de los homosexuales masculinos, los responsables de la agencia que se ocupa de las donaciones de sangre (Établissement Français du Sang, EFS) aducen varias cifras: el 27% de los nuevos diagnósticos de infección por el VIH y el 51% de los casos de infección de menos de seis meses conciernen a hombres que tienen relaciones con hombres, cifras mucho más elevadas que en la población general. Por otra parte, el 35% de los hombres a los que se ha detectado una infección por VIH a raíz de una donación de sangre tenían prácticas homosexuales (cfr. “Le Monde”, 15-06-2006).

Los responsables de EFS recuerdan que, en virtud del principio de precaución, la agencia excluye no solo a los homosexuales masculinos, sino también a otros grupos como personas que han vivido en Guyana o que han residido en Gran Bretaña entre 1989 y 1996 (enfermedad de las vacas locas). Sin embargo, parece que solo la exclusión de los homosexuales se asimila a un estigma.

A pesar de las mejoras en las pruebas para la detección del virus del sida, los responsables de EFS estiman que la contraindicación debe ser mantenida, pues estas técnicas no permiten identificar el virus cuando la infección es muy reciente. La política seguida por las autoridades se basa en una directiva europea (2004/33/CE) que establece una contraindicación permanente para “las personas cuyo comportamiento sexual las expone a un riesgo elevado de contraer enfermedades infecciosas transmisibles por la sangre”.

Quienes piden que se levante la contraindicación dicen que el criterio de exclusión debería ser el de “comportamientos de riesgo”, lo que valdría tanto para los homosexuales como para los heterosexuales. Pero si los comportamientos de riesgo no fueran mucho más habituales entre los homosexuales masculinos no se darían esas diferencias en los datos epidemiológicos sobre la infección por VIH y en las enfermedades de transmisión sexual.

Las diferencias, lejos de reducirse, van a más. Según declaraba recientemente Peter Piot, director de Onusida, “el sida rebrota en poblaciones donde se creía controlado, como los homosexuales”.

También en España, los “gays” representan el 30% de las 3.000 infecciones anuales por VIH, lo que ha llevado a que el Ministerio de Sanidad haya preparado por primera vez una campaña para frenar las prácticas de riesgo entre los hombres que tienen relaciones con otros hombres. Asimismo se advierte el aumento en este colectivo de los brotes de otras enfermedades de transmisión sexual.

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