La Asociación Española de Bioética y Ética Médica califica de “inútil” el proyecto y advierte que tiende a confundir los cuidados paliativos con la eutanasia.
Cómo promover la cultura de la vida ha sido la preocupación común de los asistentes a la universidad de verano organizada en Lovaina la Nueva (Bélgica) por un grupo impulsado por el profesor y escritor belga Mons. Michel Schooyans.
A menudo se dice que un embrión no puede tener derecho a la vida como una persona adulta, ya formada. Esta manera de pensar se basa en un error muy extendido hoy: la idea de que un no nacido es un individuo “en construcción”, pero los seres humanos no son fabricados como los coches.
Según el informe “Mujeres y hombres en España 2008”, buena parte de la diferencia de salarios se debe a la mayor presencia femenina en los trabajos a tiempo parcial.
La legalización del aborto, que suele presentarse como una liberación de la mujer, inevitablemente lleva a que el hombre quede descargado de su responsabilidad respecto a su hijo concebido. Por eso, el aborto a petición perjudica a la parte más débil.
A raíz de la demanda interpuesta por una organización cristiana, Google decide permitir anuncios de grupos cristianos de inspiración religiosa en páginas o listas de resultados sobre el término “aborto”.
Cada vez más norteamericanos viajan al extranjero para someterse a intervenciones quirúrgicas que resultan igual de eficaces, pero mucho más baratas, que en su propio país. Este fenómeno del “turismo médico” comienza a extenderse también en Europa, según un análisis de "The Economist".
Alejada de lo políticamente correcto y en ocasiones polémica, la profesora Uriarte sostiene que las principales amenazas contra la mujer provienen de ella misma: la autodiscriminación, la autocompasión y el victimismo.
El aumento del relativismo moral no ha llevado a una mayor libertad de discusión, sino a la creación de nuevos tabúes tanto en el ámbito universitario como en el campo de la medicina.
Hace poco se desató una polémica cuando una psiquiatra de la Universidad de Columbia escribió: “Mi profesión está secuestrada. Ya no puedo hacer mi trabajo; mis pacientes sufren y yo estoy harta”.