Los inmigrantes no vuelven al país de origen si no ha mejorado

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Las políticas para fomentar el retorno de inmigrantes tienen un éxito muy limitado, pues dependen principalmente de que la situación política, económica y social en el país de origen haya mejorado, según el informe Perspectivas de las Migraciones Internacionales 2008, presentado recientemente por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La cuestión tiene particular interés en un momento en que la crisis económica se cierne sobre los países que han atraído mano de obra extranjera.

El estudio señala que hasta el momento se ha prestado muy poca atención al fenómeno del retorno, pero que en los últimos diez años se observa un interés creciente, sobre todo desde que la figura de la migración temporal comienza a verse como un modo de combatir la escasez de trabajadores en los países de la OCDE. El informe destaca la necesidad de “garantizar la eficacia y la credibilidad” de los programas temporales, que se estructuran como una mezcla de incentivos y compromisos para asegurar la vuelta, al tiempo que se ofrece a las empresas el acceso a mano obra extranjera, legal y por un periodo de tiempo limitado.

Pero la mejora en el diseño de este tipo de estrategias presenta también numerosas dificultades, puesto que hay que añadir elementos de carácter personal mucho más determinantes que los incentivos oficiales. Para John P. Martin, director de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales de la OCDE, “la asistencia y la ayuda financiera del país de acogida raramente sirven para convencer a un número significativo de inmigrantes de que vuelvan a sus lugares de origen”.

El informe de la OCDE, que presenta el resultado de diez años de investigaciones, ofrece a los Gobiernos nueva información sobre los flujos de retorno de los trabajadores: por los datos recogidos en cuestionarios a los inmigrantes y otras reuniones de expertos, entre el 20 y el 50 por ciento de los inmigrantes dejan el país de acogida como mucho a los cinco años de la llegada, aunque la mayoría lo hacen durante los tres primeros años, y hay también otros grupos menores que esperan a la edad de la jubilación.

Resulta relevante que la migración de retorno se concentra en los extremos del ciclo vital, “tanto entre las personas jóvenes llegadas recientemente al país receptor como entre las de más edad, próximas al retiro”. Los retornos se pueden clasificar también por niveles de educación: “los menos cualificados y los de mayor nivel educativo son los más proclives a volver”. Los motivos principales para la vuelta suelen ser la dificultad para integrarse socialmente o encontrar el trabajo adecuado en el país receptor; el haber alcanzado el nivel de ahorro previsto y la aparición de nuevas oportunidades de trabajo en el país de origen. Otra tendencia pone de relieve que cuanto menor es la diferencia en el desarrollo entre el país de origen y el de acogida, mayor propensión se observa al regreso.

Además de las ventajas de ajustar políticas de retorno para los inmigrantes, el informe de la OCDE destaca el impacto positivo del regreso de los trabajadores en el nivel de desarrollo de sus países de origen. “Los emigrantes llevan consigo educación y experiencia laboral que han adquirido en el extranjero; vuelven con financiación -los ahorros acumulados durante su estancia- y finalmente poseen un específico capital social obtenido durante su experiencia”, resume el informe.

Algunos de los trabajadores prefieren una solución menos radical y optan por un retorno temporal, que consiste en mantener un doble punto de apoyo en ambos países, el de origen y el de destino. De este modo, mantienen los lazos que han forjado en el país receptor y se aseguran el acceso a los servicios sociales a los que tienen derecho. Para la OCDE, también esta fórmula permite que los emigrantes contribuyan al desarrollo de su país, sin la obligatoriedad del retorno. Si se dan las condiciones para favorecer el regreso temporal de los trabajadores, también se consigue la transferencia de conocimientos o de uso de tecnologías. “Así se refuerzan los lazos con el país de origen y a algunos se les facilita la reintegración si deciden volver más adelante”.

Los polacos dicen adiós al Reino Unido

Sin necesidad de una política que favorezca el retorno, muchos polacos que habían ido a trabajar al Reino Unido están volviendo a su país. La marcha de polacos a Gran Bretaña, a raíz de la entrada de Polonia en la Unión Europea en 2004, ha sido uno de los fenómenos más notables de las modernas migraciones europeas. Al menos medio millón de polacos fueron a probar fortuna en Gran Bretaña, y encontraron trabajo en el sector de servicios, en la construcción, en la sanidad. En los años transcurridos, la comunidad polaca creció hasta un millón de personas y se convirtió en la tercera más grande del país.

Ahora, con la crisis económica y el frenazo a la construcción, trabajar en Gran Bretaña ya no es tan fácil. Además, la depreciación de la libra esterlina en relación con la moneda polaca (un 40% en los últimos dos años) hace menos ventajoso trabajar allí. Pues la mayoría de los trabajadores tienen a sus familias en Polonia y les envían dinero.

Aunque no hay estadísticas oficiales sobre el retorno de los trabajadores polacos, varios indicadores así parecen corroborarlo. Los trabajadores inscritos en la Embajada de Polonia disminuyen; la Federación de Polacos en Gran Bretaña dice que el volumen de la comunidad está menguando; el Ministerio del Interior confirma que está descendiendo la entrada de trabajadores de Europa Central y del Este.

Pero más decisivo para el retorno es el estado de la economía polaca, que está creciendo a un ritmo del 5% anual y donde es fácil encontrar empleo. Durante los últimos años, la escasez de trabajadores cualificados que habían emigrado fue un obstáculo para el desarrollo. Ahora los que vuelven podrán cubrir los puestos vacantes.

Así, el caso polaco confirma que la política del retorno depende más del estado de la economía del país de origen que del país receptor.

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