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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 88/13

Tras el éxito mundial de la trilogía literaria de Suzanne Collins y de la versión fílmica de su primera novela, Los Juegos del Hambre, había una gran expectación ante el estreno de la segunda, En llamas. Esta vez la ha dirigido Francis Lawrence (Soy leyenda, Agua para elefantes), que ya está rodando la última entrega, Sinsajo, para estrenarla en dos partes a finales de 2014 y 2015.

Después de ganar los 74 Juegos del Hambre, la aguerrida Katniss y el cariñoso Peeta inician el Tour de la Victoria por los diversos distritos de Panem. Durante su periplo se dan cuenta de que una revolución comienza a gestarse, alentada por la desafiante rebeldía de la pareja durante el macabro torneo. Pero el dictatorial Presidente Snow reprime con dureza los primeros brotes y anuncia que en los 75 Juegos del Hambre solo competirán ganadores de otras ediciones, sean cuales sean sus edades. Así que Katniss y Peeta quizás tengan que luchar a muerte entre sí.

Recreado con esmero, de nuevo resulta atractivo el cóctel retrofuturista de la trilogía, lleno de sugerentes referencias históricas, literarias, fílmicas y de actualidad. Y esta vez logra una mayor intensidad emocional gracias a que Lawrence abandona el agitado hiperrealismo de Ross y ofrece una puesta en escena más elaborada, a ratos espectacular, pero con una violencia más elíptica, una reducción de los guiños a la saga Crepúsculo y un permanente cuidado a la evolución de los personajes. Así, Lawrence y Hutcherson logran varias secuencias conmovedoras en su exaltación de la amistad, la dignidad humana, el sacrificio y la rebeldía.

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