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Agosto del año 2000. Días que tuvieron en vilo a muchos países y levantaron el polvo de la supuestamente ya enterrada Guerra Fría. Al poco de salir para un simple ejercicio naval, el submarino tuvo unas fuertes explosiones que provocaron su hundimiento. Había 118 personas a bordo, y prácticamente todo el Kursk estaba lleno de secretos militares que Rusia no tenía ningún interés en dar a conocer.

Empieza entonces la lucha de los familiares por saber la verdad de lo ocurrido; la del gobierno por intentar rescatar a los marineros y oficiales, manteniendo el secreto que consideraba necesario, y la de otros países para que les den la opción de ayudar.

Lo mejor de Kursk, la película, es que consigue hacer una historia muy humana. Es verdad que el guion de Rodat –autor de grandes producciones como Salvar al soldado Ryan y El patriota– se toma muchas licencias históricas, pero están al servicio de lo que realmente sucedió. Tiene algunas caídas de ritmo, pero la combinación con una buena dirección de actores y una buena fotografía hace que el conjunto sea más que digno. El espectador siente la claustrofobia de los tripulantes del submarino y cada uno de los sentimientos que tienen durante los distintos momentos de su calvario.

El reto de Thomas Vinterberg (La caza) era doble: por un lado, hacer interesante una historia de la que muchos ya conocen el desenlace y, por otro, que no fuera una TV-movie. Vintenberg aprueba con creces. En lo primero, porque consigue focalizar la película entera en casi cada uno de los personajes y sus familiares –y lo que sufrieron, tanto unos como otros–, y en lo segundo, porque no es puro entretenimiento. Es más: el director aprovecha para plantear hasta qué punto se puede llegar a deshumanizar el servicio a la patria por simple burocracia. Ahora bien, todo hay que decirlo, el resultado final es un poco maniqueo.

Por otro lado, Colin Firth, aunque tiene un papel secundario, interpreta muy bien su impotencia ante esta deshumanizada burocracia de la que hablo.

¿Qué ver, entonces, en Kursk? Una película muy entretenida, que atrapa inmediatamente al espectador, cargada de emoción y que mantiene el interés hasta el final.

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