Fukunawa, 34 años, dirige su segundo largometraje, y logra la mejor versión audiovisual sobre la célebre obra de Charlotte Brontë, publicada en 1847. Antes se hicieron más de veinte largometrajes, TV movies y miniseries. En 1996, Charlotte Gainsbourg brilló en la versión de Franco Zeffirelli, aunque la película fuese irregular por los excesos de exuberancia operística del realizador italiano.

Una lectura muy inteligente de la novela, respetuosa y fiel pero moderna en su manejo de la estructura de la obra, es la clave del éxito. El tono es austero, pero hay una hermosura cautivadora en todo el relato. El guión de Moira Buffini fluye con una intensidad llamativa y encuentra unos actores excelentes, reunidos por la experta labor de casting de la gran Nina Gold. El diseño de producción, la perfecta música de Darío Marianelli, el estratégico y hábil montaje de Melanie Olivier engalanan una trágica historia gótica, donde el amor se abre paso entre la bruma. La fotografía es espléndida, en interiores y en los impactantes exteriores seleccionados.

Fassbender compone un Rochester correctísimo, pero lo que hace Mia Wasikowska con Jane Eyre es emocionante, una lección magistral de interpretación impartida por una jovencísima actriz de apenas 20 años. Jane Eyre muestra el vigor de los clásicos. Ya lo dijo Eliot: “In my beginning is my end”.

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