Gran remate de “Infinity War”, las tres horas de duración permiten alternar historias personales y gran épica, cerrar muchos relatos y dejar la puerta abierta a otros nuevos.
La primera película de la Marvel protagonizada por una superheroína, es una digno filme de entretenimiento… lejos del brillo de las mejores cintas de la franquicia.
Después del sorprendente e inesperado éxito de “La Lego Película”, Emmet y sus amigos de Bricksburg vuelven en una nueva historia que sigue la línea de la anterior, aunque flaquea un poco.
Esta primera producción interactiva de Netflix se caracteriza por una cierta complejidad narrativa, pero también por una estética deudora de los videojuegos.
Una nueva historia fruto del mundo galáctico creado por George Lucas, esta vez spin-off del carismático personaje interpretado por Harrison Ford, Han Solo. Ideal para los fans de Star Wars.
No es una más de superhéroes, porque esta vez los directores arriesgan y sorprenden para explotar al máximo la acción y las historias de los personajes.
El octavo episodio de la saga lleva el aliento de la trilogía original, con una certera realización y unas interpretaciones que destacan la hondura de los personajes.
Denis Villeneuve ha conseguido una digna secuela de la obra maestra de 1982, con estilo y temas de fondo actuales, aunque sin alcanzar el nivel de la película original.
La tercera entrega de la nueva saga es una fantasía distópica por encima de la media, brillante en el aspecto técnico y con apuntes interesantes sobre la grandeza y la miseria de la condición humana.
Sin sus poderes, por primera vez, Lobezno es verdaderamente vulnerable. Después de una vida de dolor y angustia, sin rumbo y perdido en el mundo donde los X-Men son leyenda, su mentor Charles Xavier lo convence de asumir una última misión: proteger a una joven que será la única esperanza para la raza mutante.