Mykola Kuleba, director de Save Ukraine, nos habla sobre las atrocidades rusas contra los menores ucranianos y sobre la paciente y discreta labor para retornarlos.
La iniciativa, a favor de la inserción plena de los niños con enfermedades graves o crónicas, se tramita con agilidad en Europa, mientras España arrastra los pies.
Aunque el matrimonio de menores de edad se asocia con la realidad de países a la cola del desarrollo, la práctica no es nada extraña en varios estados de EE.UU.
La obsesión por la seguridad en la crianza de los hijos funciona como una profecía autocumplida: convierte el mundo en un lugar hostil para unos niños a los que se ha hecho frágiles.
Animadas por su fe, un grupo de familias de una pequeña comunidad rural de Texas decidió acoger a casi 80 niños considerados “casos imposibles” por los servicios sociales.
El país ocupante ha separado de sus familias a decenas de miles de niños y adolescentes, con el propósito de “rusificarlos” y combatir su propio déficit demográfico.
Según un investigador especializado en el tema, el prototipo de depredador impasible e irredimible no representa a la mayoría de quienes sienten estos impulsos.
Los primeros niños criados ante las cámaras de redes sociales denuncian una infancia y adolescencia de sobreexposición, pérdida de intimidad y deterioro de la vida familiar.
Aunque de un modo aún no definitivamente establecido, las técnicas de reproducción asistida se relacionan con algunos perjuicios para la salud de las personas así concebidas.
Una buena radiografía de toda una juventud criada a la luz de la pantalla del móvil y un buen manual para evitar que las próximas generaciones sigan creciendo de esa manera.
El tiempo que pasa un niño pequeño ensimismado con una pantalla le resta oportunidades de interactuar con su cuidador y, consecuentemente, de aprender léxico.
La sección inglesa del NHS prohíbe seguir aplicando bloqueadores de la pubertad porque “no hay suficiente evidencia que respalde la seguridad o la efectividad clínica” de estos.
La comparecencia de varios directivos de redes sociales ante el Senado estadounidense ha servido para hacer más patentes sus negligencias y exigirles responsabilidad.