Los orígenes del famoso psicópata asesino Hannibal Lecter, mostrados con inteligencia y derroche estético, y con una violencia brutal pero no banalizada.
En la tercera temporada, la serie sobre intrigas políticas protagonizada por Kevin Spacey continúa ahondando en el rebuscado cinismo que acaba haciéndola difícil de creer.
Esta especie de “precuela” de “Batman”, centrada no en el superhéroe, sino en el policía James Gordon, tiene mucho potencial para la ficción y el entretenimiento, aunque aún no lo ha explotado del todo.
Los críticos de la prensa extranjera en Estados Unidos otorgan sus premios mayores a “Boyhood”, el experimento de Richard Linklater que muestra la maduración de un niño a lo largo de doce años.
Una excelente miniserie, que no es un mero “remake” de la película de los Coen, y que reivindica la bondad del hombre normal, ahora que la ficción televisiva se ha llenado de antihéroes.
La serie adapta el libro de Roberto Saviano para dar una visión de la mafia italiana llena de violencia y desprovista de cualquier halo romántico. Los lunes a las 22:30.
Dos espías soviéticos se hacen pasar por un matrimonio norteamericano, pero el amor a sus hijos y entre los dos acaba siendo más fuerte que el fervor ideológico.
Dos policías investigan un crimen horrible. El guion de esta serie, pensado para que el espectador se enganche a los protagonistas, también abunda en lo sórdido.