En el documento “Quo vadis, humanitas?”, la Comisión Teológica Internacional identifica aspectos deshumanizadores de corrientes que priorizan el desarrollo tecnológico.
Desde la óptica del personalismo, y en diálogo con Karol Wojtyła y otros autores contemporáneos, el autor ofrece un valioso acercamiento a la moral práctica.
El reciente Congreso Católicos y Vida Pública ha mostrado cuáles son las energías que mueven a quienes trabajan por el respeto a la persona, la libertad y la justicia.
El campo de la educación del carácter vive, a la vez, un reverdecimiento y una vuelta a los orígenes: nuevas instituciones que reivindican el paradigma de la ética clásica.
Según Tyler VanderWeele, director del Human Flourishing Program de Harvard, el sentido moral, las amistades profundas y la práctica religiosa son trampolines hacia la vida plena.
Para Jorge Freire, filósofo, vivir una vida buena hoy en día supone rebelarse contra la sobreestimulación, los consensos vacíos y la sustitución de las virtudes por valores.
Esta corriente, que defiende que la idea de justicia es consustancial a la de derecho, y que ambas deben arraigar en la naturaleza humana, vive un renacer en la discusión jurídica.
Un filósofo y profesor que propone, como valores muy necesarios hoy día, la armonía y el buen gusto, la mesura y la sencilla cortesía de la persona elegante.