El éxito de “First Dates”: confirmar que otros también buscan el amor

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Duración lectura: 6m. 29s.
pareja

El conocido reality “First Dates” acapara todas las noches ante el televisor a millones de personas (según datos estimados, 1,2 millones en España). Se trata de un programa de citas a ciegas en el que el espectador es partícipe de cómo se desarrolla el primer encuentro entre dos desconocidos. Estas elevadas cifras se pueden deber al gusto por la vergüenza ajena. O también se pueden deber a la necesidad de confirmar que no somos los únicos que estamos buscando el amor.

Chico conoce a chica. Chica conoce a chico. Chico y chica se gustan y vivieron felices y comieron perdices. O no. Ahora, chica conoce a chico y chica ve que no necesita a chico. Chico conoce a chica y chico ve que para qué complicarse con una, si hay muchas. Vive tu libertad, tu independencia, tu empoderamiento, no te ates.

Se podrían describir de esta forma las interacciones y motivaciones de la generación del swipe, mujeres y hombres que han crecido –y, según a quién se mire, madurado– con aplicaciones de citas como Tinder o Bumble, y que con un simple y rápido deslizar hacia la derecha, abren las puertas a un posible amor. O, por lo menos, a un posible “rollete”.

Porque las nuevas generaciones no quieren comprometerse o casarse. O eso se podría interpretar si se observan los datos. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en los últimos 40 años –de 1980 a 2020– la tasa de nupcialidad en España disminuyó de 5,86 a 1,91, además de aumentar en diez años la edad media en la que se contraen las primeras nupcias: en 2019 la media estaba en 34 años para las mujeres y 36 años para los hombres. Otra cifra que podría confirmar el ocaso del matrimonio es que en el primer trimestre de 2020 se registraron un total de 19 millones de personas solteras en España.

¿Adiós al matrimonio?

Una conclusión lógica a raíz de estas cifras es que las nuevas generaciones –los millennials y la Generación Z– no se quieren casar. En definitiva, que el matrimonio se está convirtiendo en una institución obsoleta.

Los realities como First Dates o The Bachelor tienen una estructura más cercana al cortejo del siglo XIX que a los encuentros fortuitos del siglo XXI

Sin embargo, según un informe del Pew Research Center de 2018, aunque no se casasen jóvenes, casi dos tercios de los millennials encuestados todavía esperaban casarse. Además, según un estudio realizado por “The Knot” en 2020, el 80% de los miembros de la Generación Z y los millennials encuestados se habían imaginado el día de su boda, y la mayoría esperaba casarse dentro de dos a cinco años. Esta encuesta también reveló que, a pesar de la reputación que puedan tener estas generaciones de usuarios asiduos de las aplicaciones de citas, la mayoría no espera conocer a la “persona indicada” por Internet, sino por una vía más tradicional: a través de amigos (23%), en la escuela (14%) o en un entorno social (17%).

Este deseo por una vía más tradicional también queda plasmado en los gustos del telespectador. Son numerosos los programas que muestran la cultura del desapego emocional, pero son más los que promueven el dejar atrás el sexo casual y las parejas múltiples y encontrar –aunque después no se consiga– el amor “de verdad”. Porque, si uno los observa con atención, los realities televisivos que acumulan una mayor corte de seguidores –por ejemplo, First Dates o The Bachelor en EE.UU.tienen una estructura más cercana al cortejo del siglo XIX que a los encuentros fortuitos que –supuestamente– reinan en la actualidad. Y el mensaje general que transmiten estos programas también es sorprendentemente tradicional: que las relaciones –en su mayoría monógamas– son mucho mejores que la rutina insatisfactoria de desapego y parejas cambiantes.

La nueva primera base

Personajes singulares, gustos atípicos, ideales completamente opuestos y citas incómodas son sucesos que se repiten en cada episodio del reality “First Dates”. Tal y como indica el nombre, muestran la realidad. Pero, sin tener en cuenta el contenido de las conversaciones, ¿este formato representa la realidad? ¿Se tienen citas “de tú a tú”? Porque todos los encuentros siguen una misma estructura: son en un lugar público, con una duración determinada y tienen como protagonista una conversación.

Si se obvian las evidentes extravagancias del reality, el planteamiento teórico es similar a las “normas” que propuso Kerry Cronin, profesora en el Boston College, a sus alumnos y que dio lugar al documental “The Dating Project”. Porque, como dice una joven en el documental, “salir y tener citas no es una habilidad que nuestra generación realmente tenga”. Tanto es así que el proceso se ha invertido. Antes, el sexo era el último de los pasos. Ahora, tal y como cuenta Patrick Yang, un estudiante de Yale, “la primera base es acostarse, la segunda base es hablar, la tercera base es tener una cita y la cuarta base es salir”.

El 48% de los encuestados ven estos realities para confirmar “que hay otras personas que también están buscando el amor”

Según Eva Illouz, socióloga israelí y autora del libro “El fin del amor. Una sociología de las relaciones negativas”, las relaciones románticas solían seguir códigos y reglas de conducta. “Había una forma muy estructurada de conocerse, con sus propias reglas, y tenía como objetivo establecer un vínculo íntimo, generalmente un matrimonio. Esos códigos y reglas han cambiado por completo, precisamente por la libertad sexual”.

Con casi 240 millones de usuarios alrededor del mundo, a las aplicaciones y sitios web de “citas” les cuesta cumplir su cometido. En gran parte de los casos, las conversaciones y los matches se quedan en lo virtual.  Si se da el caso de que la interacción online resulte en una cita, las partes interesadas ya no saben si es por sexo o si es porque sencillamente se quieren conocer mejor. ¿Se trata de una cita “tradicional” o vamos a ir directamente a la última base?

“La mayoría de las interacciones sociales tienen un marco: Sé lo que la otra persona va a decir y lo que voy a responder”, dice Illouz. “Estas interacciones se definen de antemano de una determinada manera. Y eso nos ayuda. Pero en las relaciones sexuales y románticas, el marco es incierto y se renegocia constantemente”.

Solidaridad en la búsqueda

Y es esa incertidumbre la que puede llevar a pensar que ya nadie está interesado en una cita. Incluso que vivimos en una sociedad en la que el amor ya no es algo que se anhele. Un estudio realizado por la empresa australiana 9Powered encontró un dato que –se mire por donde se mire– resulta desolador: el 48% de los encuestados –todos solteros y consumidores de programas de citas– dijeron que veían estos programas para confirmar “que hay otras personas que también están buscando el amor”.

Es decir, para confirmar que, aunque se pretenda vender como progreso el desapego sexual y emocional, hay más personas ahí fuera que también creen en el ideal de un amor “a la antigua”: una relación duradera basada en el compromiso y en la confianza, y que parte de una cita.

Una cita con parámetros establecidos y que, al finalizar, resulta en la bien conocida pregunta de First Dates: “Sonia, ¿tendrías una segunda cita con Carlos? ¿Carlos, tendrías una segunda cita con Sonia?”.

Nada más. Ni nada menos.

Helena Farré Vallejo

@hfarrevallejo

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