Los adolescentes y su “tenaz” preferencia por la pareja heterosexual

Fuente: Le Monde
publicado
DURACIÓN LECTURA: 2min.

Isabelle Clair, socióloga especializada en cuestiones de género, ha publicado recientemente un libro en el que resume más de 20 años de investigación sobre las relaciones amorosas de los adolescentes (Les Choses sérieuses. Enquête sur les amours adolescentes). En una reciente entrevista, explica que los patrones románticos entre quienes se acercan al primer amor no han cambiado mucho.

A lo largo de todo este tiempo, Clair ha entrevistado a chicos y chicas de entre 15 y 20 años, procedentes de distintos entornos y estratos socioeconómicos, desde los suburbios a los barrios de ricos de las grandes ciudades, pasando por zonas rurales de todo el país.

En la entrevista, Clair explica que hasta la adolescencia “chicos y chicas se mezclan muy poco”, aunque vayan a colegios mixtos. Luego, de pronto, se ven empujados interna y externamente al descubrimiento del otro sexo, un punto de inflexión “inquietante y a veces intimidante”.

Cuando llega ese momento, el emparejamiento con una persona del otro sexo sigue siendo el ideal de relación amorosa para la inmensa mayoría de los jóvenes con los que ha hablado: “Es una norma tenaz, que no se ha visto sacudida por el movimiento #MeToo, ni por el renacimiento del feminismo contemporáneo”.

Clair asocia la “persistencia de la idea de una supuesta complementariedad natural de los sexos” a una cuestión de encaje social: “En esta edad de cambio y metamorfosis, la pareja confiere un estatus social: hace visible el hecho de que uno ha sabido ser deseado y, por tanto, que tiene valor, pero también permite demostrar que se desea realmente al otro sexo”.

Aunque la percepción cultural de la homosexualidad ha mejorado, comenta Clair, “la heterosexualidad sigue estando muy fuertemente valorada”. En la veintena sí se percibe una creciente relativización de este paradigma, pero “entre los 15 y los 20 años este cuestionamiento es marginal”.

Clair también constata la permanencia de una diferente “ética del amor” entre chicos y chicas, que en parte revela los problemas de una educación afectiva y sexual poco profunda, en la que lo segundo suele eclipsar lo primero. “Desde el principio de la relación, y sobre todo en la sexualidad –dice–, persiste un guion preciso: los chicos deben tomar la iniciativa, estar siempre listos, y las chicas deben responder a la iniciativa, sin decir que sí inmediatamente, pero sin demorarse demasiado tampoco”. A ellos, además, se les empuja a “ser más desapegados, a implicarse menos” en la relación, lo que “crea muchos malentendidos y desencuentros”.

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