Sleepers

Director y guionista: Barry Levinson. Intérpretes: Robert De Niro, Dustin Hoffman, Kevin Bacon, Brad Pitt, Brad Renfro, Jason Patric, Vittorio Gassman. 140 min.

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Finales de los 60. Cuatro adolescentes del barrio neoyorquino de La Cocina del Infierno sobrellevan lo mejor que pueden situaciones familiares difíciles. Como monaguillos en los funerales que celebra su amigo el Padre Bobby (Robert De Niro), obtienen buenas propinas. La colaboración con la mafia en asuntos de poca monta también les reporta algunos dólares. El verano lo ocupan en gandulear, iniciarse en el sexo o en hacer gamberradas demostrativas de su valentía. Una de éstas casi cuesta la vida a un hombre, y provoca el ingreso de la pandilla en un reformatorio. Allí sufren todo tipo de vejaciones, incluidos abusos sexuales, de un sádico carcelero al que secundan varios ayudantes. Al cabo de los años, cuando ya son adultos, dos de los amigos se encuentran con su antiguo torturador y lo matan a sangre fría. Los otros dos se confabulan para obtener la libertad de los asesinos, pues consideran lo sucedido como un acto de estricta justicia.

La película, escrita, producida y dirigida por Barry Levinson, se basa en los recuerdos autobiográficos del escritor Lorenzo Carcaterra, que presentan dos momentos bien diferenciados y narrados con distinto tempo. En la época adolescente, la mejor trazada, se describen con maestría las andanzas de los chicos por el barrio hasta el fatal accidente. Se pasa entonces a una vida carcelaria, presentada con desgarradora crudeza, pero acudiendo a la elipsis en los pasajes más desagradables. El consiguiente salto temporal da paso a una historia más convencional y algo tramposa. El encuentro con el guardián -un punto débil de la historia- despierta en los sleepers -dormilones- los deseos de venganza. Levinson elude la ardua opción de bucear en las secuelas arrastradas por los chicos -lo que fue, en palabras de uno de ellos, “la muerte de su infancia”- para adentrarse en una simple trama judicial. En ella, un sentido muy particular de la justicia -que recuerda a la reciente Tiempo de matar- quiere dar por buenos comportamientos inmorales, en los que incluso se ve implicado el sacerdote católico, antiguo amigo del grupo.

El look visual, deslumbrante -la vida cálida del barrio, con sus calles, sus azoteas o su iglesia; el frío marco carcelario, y sus sótanos siniestros; o la sala del juicio- se debe a ese gran director de fotografía que es Michael Ballhaus, y a la espléndida dirección artística de Kristi Zea. Levinson cuenta también con un atractivo reparto: saca enorme partido de cuatro buenos actores adolescentes, explota a jóvenes estrellas como Brad Pitt, Kevin Bacon o Jason Patrick, y controla perfectamente los medidos trabajos de los veteranos Robert De Niro -un sacerdote creíble-, Dustin Hoffman -un divertido abogado- y Vittorio Gassman -un mafioso con clase-.

José María Aresté