Un grupo de chavales visita el museo de un estudio de Hollywood. Entre los objetos expuestos descubren la estatua de James y Henry, dos minions. Al ver la sorpresa de los niños, la guía les cuenta cómo aquellas simpáticas criaturas amarillas llegaron a convertirse en grandes figuras del cine.
Minions & Monsters funciona, ante todo, como un homenaje juguetón al cine y a su historia. Las referencias a Hollywood son constantes: de George Lucas a Charles Chaplin; de El maquinista de la general a Casablanca, pasando por Ultimátum a la Tierra —con ese robot enamoradizo— o Cantando bajo la lluvia. La película avanza como una divertida sucesión de gags inspirados en la tradición más alocada del cartoon clásico, con ecos evidentes de Tex Avery.
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Pierre Coffin, creador de la historia original de Gru: mi villano favorito, dirige y coescribe el guion junto a Brian Lynch, que ya había trabajado en Los minions y en otras comedias animadas como Mascotas o El gato con botas. Se nota que ambos se mueven con comodidad en este universo.
El problema es que, aunque los minions siguen teniendo gracia, la fórmula empieza a mostrar síntomas de agotamiento: llegaron como secundarios irresistibles, pero sus aventuras disparatadas cada vez necesitan esforzarse más para sorprender.