Un dentista en Nueva York, misántropo y maniático, vive sin amigos ni aficiones, dedicado exclusivamente a su profesión, lo que le permite tener a sus interlocutores en silencio. Una simple colonoscopia, para la que solicita anestesia general, va a cambiar su vida.

Me ha caído el muerto es una comedia agradable con un defecto evidente: la lentitud de su entrada en materia. Si le quitaran quince minutos de prolegómenos sería mucho mejor. El tema no es nuevo: referencias lejanas llegarían al viejo Topper o incluso más allá; para los que sólo recuerdan en color bastaría mencionar Ghost, Casper o El sexto sentido. Además es obligado recordar, porque se le cita explícitamente y porque su sombra planea por toda la película, a Frank Capra. La película muestra las consecuencias del egoísmo y la verdadera clave de la felicidad, que es darse a los demás.

Ricky Gervais es el insólito protagonista, casi un antihéroe, divertidísimo a fuerza de no querer ser gracioso. Tras una larga y exitosa carrera en la televisión británica (es el creador de la serie The Office), ha saltado con aplomo a la pantalla grande. Tea Leoni es encantadora y Greg Kinnear está en plena forma. La tensión entre los tres convierte un viejo material en algo encantador. Naturalmente, hay momentos más vulgares, y la terrible tentación de jugar con los fantasmas, pero el tono general es bueno y la película, tras aquel tímido arranque, va continuamente a más. El guionista David Koepp, (Jurassic Park, Misión imposible, Spider-Man, el último Indiana Jones) nos sorprende gratamente en un registro distinto y hace un buen papel detrás de la cámara.

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