En Blue Valentine, Derek Cianfrace demostraba una cierta capacidad para presentar un conflicto humano interesante –en ese caso la destrucción de una relación apasionada– y una notable incapacidad para desarrollarlo. Con todo, había estilo, cuidado de la forma y una pareja de buenos actores. En Cruce de caminos, Cianfrace da un paso adelante. No solo presenta un tema de cierto calado –el del intento de redención de un hombre que se acaba de enterar que tiene un hijo y quiere formar una familia–, sino que lo desarrolla con lógica narrativa. Cianfrace se olvida aquí de los fuegos artificiales de su ópera ...

Contenido oculto

Suscríbete a Aceprensa o inicia sesión para continuar leyendo el artículo.

Funcionalidad exclusiva para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta para poder comentar. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Para aceptar las cookies pulse el botón de aceptación. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.