Terrorismo
Ante los recientes atentados en Francia, Macron pone el foco en el “islamismo político”. A la vez, surge el problema de una sobrerreacción laicista.
La matanza racista de El Paso es una muestra violenta de la paranoia creada por una política basada en la identidad.
Un tercio de los 5.000 europeos que se fueron a Siria e Iraq a unirse al Estado Islámico ha retornado. Consciente de la amenaza que suponen, Europa no tiene demasiado interés en que vuelvan los que quedan en el terreno.
El reciente ataque a una mezquita en Montreal trae de vuelta el tema de la violencia supremacista en el país norteamericano.
En Canadá operan unos 100 grupos de corte xenófobo y supremacista blanco que no atraen la debida atención por parte de las autoridades.
Un informe sobre el terrorismo en 2015 muestra un descenso de las muertes respecto al año anterior. Sin embargo, más países han registrado ataques con numerosas víctimas.
La presión militar internacional empuja al grupo terrorista a reducir su producción mediática sobre la “apacible cotidianidad” en el califato.
Por primera vez, la Corte Penal Internacional juzga a un individuo por destruir patrimonio cultural. La vigente ley internacional en la materia no responde a los desafíos que plantean los nuevos conflictos.
Los perfiles de los terroristas que responden a la incitación del Estado Islámico indica que tienen una frustración de base, y la religión es un añadido final.
En el terrorismo islámico, el espíritu de dominio y venganza utiliza la religión para sentirse grandioso y heroico.
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